He tratado de escribir pero el sueño y la flojera me han dado una paliza completa.
Este es un esfuerzo en homenaje a todos quienes me leen, y en especial a “Sol”, que casi me pega un patada en el culo para que escriba más.

¿Qué sucedió?:
Yo estaba tirado en mi cama viendo televisión creyéndome en el día número doce del mes de diciembre, cuando me entero que en realidad es 19 de diciembre. Ahí me quedó la cagada.
No tenía ningún regalo comprado.
Habían dos caminos entonces. Uno, irme en una volada mística y juntar a toda mi familia, tomarnos de las manos y hacer una especie de sesión espiritual que suplante la parafernalia navideña que nos invade todos los años. El camino dos, en cambio, era ir de frentón a comprar.

Bueno, nunca he sido muy místico que digamos, salvo a la edad de 15 años en donde estuve poseído por una fe increíble. Traté de leer la Biblia, ir a misa los domingos y dejar de mirar mujeres desnudas teniendo sexo, pero al cabo de un par de meses todo volvió a la normalidad.
Así que estuve aplanando calles toda una semana buscando el regalo correcto al mejor precio, haciendo cotizaciones mentales y evaluando el lugar exacto de la compra. Todo esto mientras sudaba la gota gorda.

Millones de personas en el centro de Santiago de Chile comprando de todo. Yo también.
Ni siquiera saqué fotos, pero me quedaron algunas performances grabadas:
1) Un tipo que, intencionalmente chocó -suavemente- al auto que tenía delante de él para apurarlo. Y después le hacía una seña, con la mano, pidiéndole disculpas.
2) Una conversación en un pequeño local de libros (nazis en su mayoría) en donde la vieja que atendía le decía, a una amiga, que ella había terminado una amistad de 30 años por defender a su gato. Mientras reviso el "estoc" de libros, y escucho la conversación, pienso que para terminar una relación de amistad de tantos años hay que violarse al gato, o ahorcarlo.
3) Y la tercera imagen es Paola Volpato (actriz chilena de TVN) bajando las escalas de un centro comercial. Sola, bronceada y muy delgada. Es linda, pero está muy re flaca. Y tenía los ojos como perdidos en la inmensidad, aunque ahora que lo pienso bien, creo que iba preocupada de los escalones.

Mientras me miro las picadas de pulga que hay en mi mano derecha (producto de mi viaje en bus desde Viña del Mar) pienso en que a medida que me hago más viejo, más he perdido la pasión que en algún momento tuve por la navidad. Si busco algún recuerdo nítido de mis navidades en casa de mis padres tengo la imagen de mi cara reflejada en esas bolas de vidrio que adornaban el árbol navidadeño: detrás de una gran narizota (del tamaño, casi, de la bola) estaba mi cara pequeñita. A mi me gustaba mucho esa imagen, y trataba de poner caras extrañas para ver cómo se veían, detrás de mi narizota por supuesto.

También recuerdo que el árbol de mi casa era inversamente proporcional al espíritu de paz y amor que se vivía adentro. O sea, podíamos estar todos peleados pero el árbol seguía siendo tremendo, lleno de adornos. luces y algodón simulando nieve.
Mi madre en tanto, año tras año, fue esmerándose cada vez más en hacer un pesebre con más personajes. La última vez creo que había un gallinero, una laguna para los patos y una especie de montaña rodeando todo. Eso sumado a caballos, perros, vacas y cerdos. Es casi un zoológico que arma mi madre.
Estoy seguro que de ella heredé ese afán por las performances, que en este blog se han hecho presentes con más nitidez.

Todo ese concepto hizo que, con los años, y cuando pude independizarme de mis padres, no continuara casi nada de lo que ellos hicieron por años, y que siguen haciendo. Ni árbol grande de navidad, ni pesebre, ni animalitos ni patos y menos luces en las ventanas. Quizás me fui al otro extremo porque en realidad si de mi dependiera no haría nada.

O haría la performance que desde hace unos años estoy pensando hacer y que consiste en colocar un proyector de diapositivas con imágenes navideñas de, por ejemplo, una familia feliz abriendo los regalos. Todos vestidos muy formalmente.

Colocaría esas imágenes en la proyectora y haría que las mostrara de manera continua, una y otra vez, sobre las paredes de mi casa. Y cuando la apagara se acabaría todo.
No tendría que hacer ningún cambio a la casa. Prendo la proyectora y aparece la navidad.
La apago, y desaparece.

¿Alguien me presta la proyectora?.