Domingo de furia.
El domingo estaba todo pasando en Viña. O sea, me refiero a que el día estaba particularmente lindo. Un sol suave.
Antes del domingo, voy a contar que el sábado en la noche estuve en un bar de un amigo ("Bar Restaurant Vienés") tomando una cerveza que se multiplicó por cuatro -o cinco- cuando apareció el Nico (un amigo de barrio, que también es un ex compañero de universidad) junto a varios tipos más entre los que estaba el "Negro Sáez" (que después de muchos años de saludarlo supe que él era, precisamente, el "Negro Sáez"). Se formó un grupo grande repleto de desconocidos. Luego le cantamos el cumpleaños feliz a una rubia que no sé como se llama, y que se encargó de desparramar una bolsita llena de maní sobre la mesa. “Es la piñata” dijo.
Nico me contó una historia que prometí colgar, y acá va: Albert Einstein antes de ser ultra famoso dictaba muchas conferencias acompañado de su chofer. Eran tantas las conferencias que escuchó el chofer que se aprendió todo de memoria, así que un día intercambiaron roles: Einstein de chofer, y el chofer de conferencista. Todo bien hasta que llegaron las preguntas del público y el chofer, que no tenía idea qué responder, frente a toda la audiencia dijo: “es tan fácil la respuesta a esa pregunta que hasta mi chofer te la puede responder”. Toma.
Bueno, del "Bar Vienés" salimos medios caramboleados, y yo rematé la noche en el “Taller de Papá”. Un oscuro bar, lleno de letreros y adornos de cualquier cosa, en donde le di el bajo a una “chorrillana” (plato típico de la Quinta Región: papas fritas, huevo frito, carne y cebolla. Todo mezclado en un gran plato).
Buenas noches los pastores. Estaba buena la “chorrillana”.
Entonces, yo estaba diciendo que el día domingo era particularmente lindo. Salí a caminar un rato por la calle Valparaíso (calle principal del centro de Viña) buscando alguna foto entretenida. Vi a un tipo sacando rastros de afiches del concierto “Enamora2” y casi me pongo a ayudarlo, también vi una fotocopia pegada en un muro invitando a una conferencia de “La Nueva Acrópolis” con una inquietante pregunta: “Quijote de la Mancha: ¿loco o idealista?”. Un poco más allá “multitiendas ABC” llenaba la calle con el tema “Thriller” de Michael Jackson mientras los vendedores miraban la gente pasar. En el restaurante “Rancho Linares” promocionan un sándwich, supuestamente, espectacular. No me acuerdo los ingredientes pero entre paréntesis colocaron “pan batido”. Esto quiere decir que está hecho con el pan más contundente que puede haber: el pan batido, que en Santiago y en el resto de Chile le dicen “pan marraqueta o pan francés”. Mil seiscientos noventa pesos (un poco más de 3 dólares).

Llego a la Plaza de Viña, y en la esquina del frente veo un tipo mirando al sol y hablando solo. El weón estaba con un malísimo aspecto, como que si lo hubieran arrastrado por cuadras desde un carruaje y en un camino de tierra. Además tenía la piel ultra bronceada y una cara que indicaba que la fiesta del día anterior había estado demasiado buena. Pero peligrosa.
Desde la plaza me puse a analizar cómo sacarle una foto sin que se diera cuenta mientras un viejito, sacado de un cuento de gnomos, ordena una serie de bolsas que no sé que contienen. Después vuelvo a mirar al gil bronceado y veo que después de conversarle al cielo, y hacer unas mariguanzas raras, toma vuelo y le manda un tremendo combo en la cabeza, ¡y por la espalda el muy maricón!, a un viejito como de 60 años que estaba esperando la luz verde del semáforo para atravesar la calle.
¡Pum!, de hocico al suelo se fue el viejito con el tremendo cachuchazo que le dieron en plena cabeza, y sus lentes salieron disparados a cualquier parte.
Todo eso lo estaba viendo en ese “lindo” día domingo, y como tenía todo el tiempo del mundo, llamé a los pacos de inmediato para que se llevaran preso al chucha de su madre que después se puso en posición de combate estilo Bruce Lee, y amenazando al pobre viejo que ya se había parado.
Nadie hizo nada, y el viejo-golpeado se fue, pero al rato apareció nuevamente acompañado de un carabinero, y ahí se quedaron esperando que llegara el furgón que nunca llegó.
Es decir, el furgón llegó pero llegó tan tarde que yo a esas alturas ya era parte de los protagonistas. En realidad fui el único que estuve acompañando al viejito que me daba una pena enorme porque lo vi indefenso, medio despeinado y contándome que su esposa lo esperaba en el supermercado. También me dijo que él siempre andaba con un “fierro” en la chaqueta, “y se imagina usted si le entierro el fierro en la guata. Me llevarían preso de inmediato” me decía el caballero mientras yo me miraba en el reflejo de sus lentes oscuros. Eran como una vitrina.
Yo le preguntaba a cada rato si se sentía bien porque con el tremendo tortazo que le dieron podía darle un patatús más tarde. A los pacos, por mientras, les di mi propia versión de los hechos, y les agregué que si no podían llevarse a un “loco” detenido (en Chile los “locos” no pueden estar presos, ni detenidos ni nada. Sólo en hospitales) por lo menos que se preocuparan de resguardar al resto de los giles que circulamos por la calle.

Entremedio de todo esto apareció el viejito sacado de un cuento de gnomos diciendo varias veces “ese está loco, se arrancó y está loco”, mientras "el loco" se paseaba por todos lados y hablaba solo.
Y hasta que por fin se llevaron al hijo de puta que no le interesaba para nada lo que pasaba a su alrededor. Se metió al furgón como si fuera su casa. Antes de eso se paseó por la calle y se apoyó en un camión de una empresa de seguridad que fue a buscar la recaudación de la Farmacia Ahumada de la esquina mientras hablaba y se reía de cualquier huevada. Todo ese show antes de que lo metieran al furgón, y debo confesar, que los 8 pacos que finalmente llegaron en realidad NO se lo querían llevar detenido, porque para ellos parece que era un lío increíble.
Finalmente el viejito-golpeado me agradeció una enormidad que yo lo apoyara, le anoté mis números de teléfonos en caso de cualquier cosa, y él me dio su nombre: “Fidel Cortés Nieto” dijo, y yo tratando de memorizarlo pensé que era Fidel Castro Nieto, pero no.
Luego de eso se llevaron al loco, y yo me quedé con la imagen del viejo del cuento de gnomos.
Pero ahora que lo veo en la foto creo que parece Viejo Pascuero.

Tengo 35 años pero utilizo sólo el 70% de mi capacidad total (el resto se almacena para la vejez).
El origen de todo está en Valparaíso eso sí. Ahí nací y viví toda mi vida. Por un tiempo estuve estudiando Ingeniería en Serena en donde me metí con todo lo que NO tenía que ver con mi carrera: pinté murales, participé en movimientos de arte y trabajé de payaso por ejemplo. Luego de eso entré a estudiar Diseño en Valparaíso en donde desarrollé mi capacidad de almacenamiento visual la que actualmente se desarrolla de manera bastante óptima, según mis últimas mediciones.
Por muchos años trabajé en imprentas y como independiente, hasta que llegó diciembre 2004.
Y todo se dió vuelta (entiéndase esto en términos positivos por favor).
Actualmente distribuyo mi tiempo de lunes a viernes, en partes iguales, entre la ciudad de Viña del Mar y Santiago (Chile). Duermo y me levanto en Viña, y después parto a Santiago a trabajar.
Y en eso estamos.

marcela dijo
Querido Juanito, no te preocupes, aún no me voy, sólo ando de paseo con la maleta y el diccionario de inglés para acostumbrarme al nuevo ritmo, pero es para finales del mes en curso. Así que aún tengo hilo en la cañuela para seguir escribiendo y como ya se me salió el diablo, creo que no me voy a detener hasta que publique o muera (lo que venga primero). Ahora, la última vez que fui por esos lares no me curé, pero vi cosas que también daban para post. Eres un chico que ve la vida en performances y se te agradece que así sea. Uno puede ver lo que ocurre de muchas formas, la tuya me gusta mucho.
Un abrazo de olas y mariposas.
6 Diciembre 2005 | 07:03 PM