Los sacrificios que tiene que hacer un reportero.
Se pronuncia Chiaos, pero se escribe “Ciaos”. Es la segunda vez que estoy en ese restaurante de Viña. La atención es muy buena salvo por algunos líos como los que me quiere contar la niña que me atiende, pero que no puede porque me mira con cara de urgida, y se va. Pero antes de irse me dice “puros problemas hoy día”, y ahora sí que se va.
Descubro que el “Ciaos” tiene segundo piso cuando veo bajar a un grupo de pendejos sacados de un bar universitario. Un tipo en chaqueta de jeans con el pelo largo, una mina teñida colorina y vestida con onda hippie y otro tipo muy flaco como si fuera un lápiz, con la cabeza rapada y un "pearcing" en la oreja que parece colmillo de perro. Detrás de ellos vienen bajando los papás (no es difícil reconocerlos) y la vieja le dice al marido “diles que por lo menos te descuenten el postre”. Y claro, parece que de verdad le han descontado el postre porque el tipo, cuando pide hablar con el jefe soluciona todo.
Y se van de lo más normal todos.
Trato de interrogar -sutilmente- a la garzona pero lo único que logro es confirmar que los del segundo piso eran los “problemáticos”. Y me pone cara de “no puedo hablar mucho, uhhh”.
Se acabó mi almuerzo, mi schop de medio litro y mi postre de manzana. Me retiro.
Ciaos!!!.
A las 20 hrs. empieza mi suplicio. ¿Les dije que estoy hablando del día domingo 27 de noviembre?. Bueno, voy a un recital que se llama “Enamora2” en la Quinta Vergara de Viña del Mar. Es la copia del recital “Gira-dos” de Miguel Bosé y Ana Torroja, pero en versión Chilena. La única forma de ir a ver a Alberto Plaza y a Myriam Hernández es que me hayan regalado las entradas. Y vaya qué regalo.
Recuerdo una vez que fui a ver a Myriam Hernández, y que también era gratis. Yo tenía 15 años y la música de ella me importaba, y me sigue importando, un soberano rábano pero yo deseaba -y necesitaba- verle las piernas a esa mujer. Y lo logré. Aunque casi me llevan preso por hacerle una zancadilla a un paco que me empujó cuando Myriam se retiraba, pero valió la pena todo, incluso escuchar sus temas.
Ahora estoy 20 años más viejo y sigo creyendo que la tipa es de lo peor, musicalmente hablando claro está. Y es que para mí los “baladistas” tipo Alejandro Sanz, Luis Miguel y un largo etcétera son una maldita plaga.
Pero bueno, llego a la Quinta Vergara 30 minutos antes y descubro que todo es al revés que en un recital rock: el ambiente está repleto de viejas gordas sacadas de algún Centro de Madres, familias enteras con cara de buenitos y parejas de enamorados después de la hora del té. Nadie revisa nada y pareciera que la policía está de adorno.
Alcanzo a ver una señora con las piernas como de elefante, que le cuesta un mundo llegar pero le hace un empeño enorme. Pobre señora.

Ya sentado, y mientras espero el suplicio, descubro una nueva forma de asaltar al público: la venta de dulces, confites y bebidas. Lo más chistoso es ver la cara de la gente cuando preguntan el valor de un paquete de papas fritas. Abren unos ojos como de papa frita, pero antes de pelar las papas.
Y para variar hacen todo al revés. Primero compran, y después preguntan cuánto cuesta.
Después de eso viene la cara de espanto.

Delante mío hay un par de viejas que disfrutan de un pequeño picnic. Una de ellas se chupa todos los dedos de las manos mientras conversa con la otra de un recital de La Ley (siempre he sostenido que La Ley NO es un grupo de rock, y lo confirmo escuchando a esta vieja).
Entremedio de toda esta espera, por las pantallas gigantes pasan una y otra vez el mismo comercial del auspiciador de “enamora2”. ¿Saben cuál es la mejor farmacia? pregunta Andrea Molina, "...Farmacias Ahumada", responde ella misma, y lo pasan una y otra, y otra, y otras miles de veces el mismo, y maldito, comercial.

Mientras mis bolas se inflaman lentamente me entretengo mirando la fauna farandulera que va llegando: la cantante Gloria Simonetti (más joven que hace 20 años), luego la Alcaldesa de Viña del Mar, Virginia Reginato (que es amiga de Gloria Simonetti), y más tarde llega Sonia Fried, mamá del tenista Nicolás Massú (que a su vez es amiga de la Alcaldesa) y que saluda al público como si fuera Presidenta de Chile, y al último aparece el tenista Fernando González (amigo de Nicolás Massú). Todos ellos llegan por separado y se sientan bien adelante. Son una gran familia de amigos.
También diviso a Víctor Dagovich quien hace años (como en 1993), cuando era dirigente poblacional, me contrató para hacer clases de comics en un sector bien "pobla" (para los extranjeros léase, tercermundista a cagar). Las clases no llegaron a ninguna parte, pero Víctor sí. Ahora él es una especie de "encargado juvenil" de la Municipalidad de Viña, y se pasea como "Pedro por su casa" por todos lados.

Otro que está, pero bien lejos, es Rodrigo Mancilla (un locutor regional que muy poca gente conoce) y un poco más atrás está "El Loro de Wanderers”. Me explico, Santiago Wanderers es el equipo de la ciudad de Valparaíso que tiene como mascota oficial a un loro personificado por un gordo que a estas alturas es (casi) famoso en la Quinta Región. Por eso digo que “también está el loro de Wanderers”, que es como le decimos (casi) todos.

Estoy tratando de ver qué otro famoso está presente en la Quinta Vergara cuando hacia mi izquierda (unos 5 asientos más allá) está el flaco que parece lápiz con el colmillo de perro en la oreja, y todos los tipos que estaban en el “Restaurante Ciaos” (y que según yo eran sacados de un pub universitario).
Esta ciudad es del porte de una moneda, pienso. Todos nos conocemos, reflexiono, mientras el “flaco-lápiz” trata de convencer a un guardia para que lo deje pasar más adelante de donde ya está. Después de una media hora lo logra, y se sienta en palco (yo estoy en platea).
El resto de la familia del “flaco-lápiz” (su hermana es la colorina-neohippie con el novio-chascón con chaqueta de jeans) se quedan donde estaban.

Tengo las pelotas del porte de un barco porque Andrea Molina no para de preguntarme ¿Cuál es la farmacia más barata de Chile?, ¿Cuál es la farmacia más barata de Chile?, ¿Cuál es la farmacia más barata de Chile?, ¿Cuál es la farmacia más barata de Chile?. Si ya sé que Farmacias Ahumada mierda!!!!.
Los “asaltantes” disfrazados de vendedores ambulantes hacen el negocio del año vendiendo todo al 300% más caro, y a medida que llega la noche la oferta de productos aumenta: se agrega el "café-café al ricafé" y "lleve las antorchas-lleve las antorchas" (una especie de espada láser de la guerra de las galaxias pero corta). También diviso un vendedor de cintillos escritos a mano (muy mal escritos por lo demás) que dicen, lógicamente, “Alberto Plaza” o “Miriam Hernández”.
"El momento patético de la tarde" viene cuando encienden la cámara filmadora que se conecta directamente con la pantalla gigante del recinto, y empiezan a grabar a la gente. Me da vergüenza ajena ver todos mis "compañeros" de recital saludando y riéndose cuando se ven en la pantalla gigante. Yo trato de mantener mi anonimato de manera honrosa, pero el resto sigue haciendo morisquetas.
Aquí es precisamente en donde flaqueo, levanto mi cara al cielo y me pregunto “qué mierda hago metido entremedio de esta manga de idiotas que a las 20 horas con UN minuto empiezan a pifiar porque se supone que a las 20 hrs. empieza el show.
Demasiado.
A las 20.30 hrs. encienden los parlantes y me dejan peinado hacia atrás con el tremendo bombazo de volumen que le ponen los sonidistas.
Wow. Qué inicio.

Aparece Alberto Plaza feliz de la vida, pero no me interesa nada al lado de la corista que luce entera de rojo con un cuerpo espectacularmente bien. Plaza luce una camisa con rayas verticales, que cuando él tenía 10 kilos menos le debe haber quedado muy bien. La banda de músicos que lo acompaña parece sacada de cualquier parte. Tienen menos onda que una tabla.
Hay un bajista que, me da la idea, mientras hacía su sesión de ejercicios en el gimnasio se recordó que tenía que venir a tocar junto a Alberto Plaza. El guitarrista, en tanto, tiene puesto unos lentes del año uno y parece ciego.
La gente está eufórica pero respetuosa. Nadie se levanta de su asiento. Y yo, menos.
Plaza se maneja en el "viejódromo" como si estuviera cantando en su casa. Hasta un par de chistes fomes se larga que, por supuesto, la gente se los celebra con unas risas así: JAJAJÁ. Súper espontáneos.
Y cuando pregunta si hay niñas solteras se escuchan cosas como “para ti sí, ricoooooo”. También expone una vieja teoría (que ya me la sé de memoria) en donde explica que las mujeres son "multitareas" y nosotros los hombres "monotareas", o sea, ellas pueden hacer muchísimas cosas, y nosotros no. Ahí saca unos aplausos increíbles. Era que no.
Debo reconocer algo eso sí: Alberto Plaza no me molesta en lo absoluto. el tipo es simpático, e incluso, tiene unos temas romanticotes que vale la pena escuchar de vez en cuando. No he comprado disco alguno de él, y dudo que lo haga, pero es bueno en lo que hace y le pone bastante “pino” a su trabajo de cantautor. Pienso esto hasta que se le ocurre mezclar lo romántico de los temas con una especie de salsa-cumbia que me huele muy mal, pero precisamente ahí es cuando la gente más vibra. Salen a bailar, se paran de los asientos y gritan. El espectáculo es horripilantemente grotesco, salvo por el baile de la corista que se da unas vueltas increíbles.
Después el tipo largó con una serie de temas lentos que terminaban, otra vez, en salsa, o en cumbia, o en salsa-cumbia, o no sé qué mierda, pero quedé mal. La gente estaba eufórica y no me dejaban ver a la corista los muy malditos.
Termina todo (por suerte) pero viene Myriam.
Afírmense.
Mientras preparan el escenario para ella, veo a su marido (Jorge Saint-Jean) hablando por celular en el medio del escenario. Se pasea de allá para acá con una barriga como de seis meses de embarazo.
Al fondo del escenario se sientan una niña y un niño que sospecho son los hijos del barrigón con Myriam.
Empieza el show.
El primer tema es la oda al machismo: “El hombre que yo amo”. El micrófono está en pésimas condiciones así que le escuchamos algo así como “el homb-que yo am-sab-que lo am-chalaláaaaaa”. Todo mal hasta que aparece un sonidista pelado para cambiarle el micrófono.
Vamos en el tercer tema y ya tengo sueño. Descubro que las coristas son lo mejor de la noche. Myriam tiene a dos chicas bastante positivas además de un ballet de ocho integrantes entre las que destacan las cuatro bailarinas, igual de positivas que las coristas. Eso me reconforta, pero no consigue quitarme el sueño. Dentro del ballet también está el brasilero Juan Pablo Rahal, ex integrante del programa “Rojo” de TVN y de la comedia musical "El mago de Oz" versión latinoamérica.

Reflexiono nuevamente: "esto es peor que escuchar a Plaza". Me encuentro entre medio de una mole de gente medio “fascistoide” homenajeando al macho de la casa con canciones horriblemente conservadoras. Myriam está de negro y es bastante simpática, pero con esos temas no logra compensar mis ganas de dormir.
Permiso, voy a seguir bostezando.
Entremedio del show, Myriam nos presenta a la parejita de niños que está sentada en el escenario. “Son mis hijos” dice, y presenta al niño como “compositor musical” del tema que sigue. Lo abraza (al niño) y aplauden junto a la niñita, mueven los brazos los tres juntos. Por un momento creo que estoy metido adentro de un show infantil, y falta poco para que aparezca Barney bailando, y desde arriba del escenario lancen flores y globos.
La gente, en un arranque de romanticismo extremo dice "Ahhhhhhh, que liiiiindo".
Uff. Que feo.
Después del gran hit del momento compuesto por un niño de 8 años, vuelve a fallar el micrófono como dos veces más y Myriam, riéndose como siempre, nos dice: “esto algo quiere decir”.
Y sí, yo creo lo mismo y pienso que mejor sería que fallara todo de una vez como, por ejemplo, cortarse la luz en el sector e irnos para la casa, pero aparece el maldito pelado sonidista a salvar la situación. En la tercera falla del micrófono el pelado quería que Myriam dejara el escenario para irse tras bambalinas, pero ella no lo siguió y lo dejó en ridículo haciendo muecas frente a todos nosotros.

En medio de esto me doy cuenta -además- que el show de Myriam es, lejos, mejor que el de Plaza porque le pone un "color" increíble. Los bailarines salen a cada rato a acompañarla (que bueno porque hay una bailarina de miedo) con diferentes trajes y moviéndose como si las pilas les duraran toda la noche, los músicos parecen sacados de una banda pop-seudorockera estilo "La oreja de Van Gogh", y tiene de director de orquesta al “chico” Horacio Saavedra, que desde hace como 30 años que aparece en cuanto estelar de televisión hay.
Toda una inversión ha hecho Myriam.
También me doy cuenta que todas las viejas alucinan con ella. Miro a mi izquierda y veo a la colorina del “Restaurante Ciaos” gritando y cantando todos los temas con un cintillo en la cabeza. Se ve realmente ridícula y parece que está a punto de llorar. Todo este espectáculo me tiene mal, y me pregunto qué hace la gente joven escuchando cosas tan conservadoras.
Que un grupo de señoras de 50 años cante y grite con Myriam Hernández no me sorprende mucho, pero jóvenes de 20 años escuchando “eso”, no me calza.
Si a esa edad escuchan esto, qué mierda estarán inyectándole a las orejas cuando de verdad se pongan conservadoras.
Con esta tremenda reflexión termina, por fin, el show de Myriam con todos tomados de las manos. Músicos, coristas lindas, ballet, hijos, Horacio Saavedra, y ella por supuesto, de las manos y brazos en alto como final de comercial por la paz del mundo. Se van aplaudiendo y noto que uno de los músicos aplaude con tan pocas ganas que creo que ya no aguanta más la vergüenza de estar ahí parado. Casualmente es el que más pinta de rockero tiene, y se va aplaudiendo mirando al suelo.
Yo también me retiro del lugar mirando al suelo, y pensando en que nunca más quiero ir a un recital de Myriam Hernández ni de Alberto Plaza.
Y que ni cagando compro en Farmacias Ahumada.

Tengo 35 años pero utilizo sólo el 70% de mi capacidad total (el resto se almacena para la vejez).
El origen de todo está en Valparaíso eso sí. Ahí nací y viví toda mi vida. Por un tiempo estuve estudiando Ingeniería en Serena en donde me metí con todo lo que NO tenía que ver con mi carrera: pinté murales, participé en movimientos de arte y trabajé de payaso por ejemplo. Luego de eso entré a estudiar Diseño en Valparaíso en donde desarrollé mi capacidad de almacenamiento visual la que actualmente se desarrolla de manera bastante óptima, según mis últimas mediciones.
Por muchos años trabajé en imprentas y como independiente, hasta que llegó diciembre 2004.
Y todo se dió vuelta (entiéndase esto en términos positivos por favor).
Actualmente distribuyo mi tiempo de lunes a viernes, en partes iguales, entre la ciudad de Viña del Mar y Santiago (Chile). Duermo y me levanto en Viña, y después parto a Santiago a trabajar.
Y en eso estamos.

Tony dijo
Excelente la crónica de un desconcierto musical anunciado...
Unos posts más y voy conocer Valparaiso como si viviera ahí mismo.
¡Gracias!
1 Diciembre 2005 | 07:40 PM