Categoría: INFILTRADO
26 Marzo 2006
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Veo a dos perros en la mañana. Uno está tratando de jugar con la sombra de su propia cola. Se queda quieto creyendo que la sombra viene quizás de dónde. El otro perro está asomado en el techo de una casa de dos pisos. Digo "asomado" porque se le ve sólo una parte de la cabeza. Parece que pide ayuda.
No sé a quién le interese esto, pero a mi me dejó muy pensativo.
¿En qué estaba?.
Martes, 20 hrs, Centro Cultural de España. Santiago de Chile: recital ¡¡gratis!! de Álvaro Peña Rojas.
No puedo estar ausente. Más bien estoy eufórico ahí adentro esperando la hora de ingreso.
Entre los que estamos, esperando el evento, veo a un comentarista de rock, pero no recuerdo su nombre. Lo único que recuerdo es que hace años lo veía en televisión comentando música con un peinado muy incómodo. Era como una mezcla entre peinado de viejo de 60 años, que no se corta el pelo, y rockero metalero. Ese tipo estaba ahí, vestido completamente de negro y con un peinado en mejor estado.
También diviso a Jorge Toro (mi primo se llama así pero no es él, ojo). Decía que Jorge estaba ahí gracias a que leyó un "emilio" que yo le mandé para invitarlo. Es cuático el momento porque a Jorge lo conocí en una performance de la revista "Sin Huesos" que yo comenté acá, luego él llegó a mi blog buscando noticias sobre lo que había pasado ese mes con la "Sin Huesos", y se encontró con mi post.
"No me digas que tú eres Juan Solo" me dijo. El mismo, respondí. Y terminamos conversando de la movida porteña y de los Chancho en Piedra.
Entremedio de este diálogo diviso a Rodrigo "Yofi" Catalán a quien conozco desde que estábamos en el colegio y que ahora es, periodista, ex-bajista de la mítica banda punk de Valparaíso "Ocho bolas.", y uno de los músicos de Peña Rojas. Un poco más allá también está Peter, el baterista de los "Ocho..." que también tocaba con Álvaro, pero ya no.
Ingresamos a la sala, y me doy cuenta que es como estar la primera vez que vi a Álvaro Peña Rojas, salvo que no hay góticos. Ahora hay más punketas, y un montón de locos con una pinta de intelectual que no se la pueden. Y aparecen casi los mismos personajes del año 1993: Gonzalo Ilabaca que se mueve para todos lados como que de él dependiera todo; y Jordi Lloret, sigiloso como siempre (el tipo en los años de la dictadura fue un ícono de la movida artística en Santiago con el "Garage Matucana 100", pero ahora camina como que no fuera nadie).

Me doy cuenta que Ilabaca ahora es una especie de manager de Álvaro Peña Rojas que se sube al escenario y -cual animador de eventos- nos dice: "Gracias por venir, y ahora con uuuustedessss, Áaaaalvaro Peeeña Roojassss".
Aplausos. Gritos. Wow.
"Buenas noches, chusma inconsciente" nos dice Álvaro, vestido con sus típicas camisas hechas de sacos de harina, guantes blancos, un corazón de papel en cada zapato, y tocando su pequeño teclado. Después se larga con un tema a capela, "OIGA, oiga, oiga, oiga....a ciento ochenta las jugosas, OIGA, oiga, oiga, oiiiga....a tres-sesenta el kilo. OIGA, OIGA, OIga, oiga, oiga, ...oiga.............Ooooiga".
Así empezó el recital.

Y terminó con todos arriba, cantando y aplaudiendo. Yo estaba eufórico, repito, mientras estrujaba dos cervezas heladas para combatir el -como dicen en la tele- "calor del estudio".
Entremedio del show, Álvaro, contó que en los años 70 se fue a vivir a Inglaterra, en donde se juntó con algunos jóvenes a hacer una música muy mala. "Tocamos por varios años, y más tarde a todo eso que hicimos se le llamó Punk".
Aplauso cerrado.
Y siguió cantando un tema en inglés sobre un par de enamorados.

Les quiero contar los momentos más altos del recital:
1) Cuando cantó "Valparaíso" y yo casi me puse a llorar (Valparaíso que dejé atrás (...) Valparaíso que me vio nacer).
2) La presentación de su banda que fue full Valpo: "directamente desde la "Caleta El Membrillo", en la batería, ¡¡"Poroto" Figueroa!!. Y desde el "Cerro Barón" ¡¡Rodrigo Catalán!! en el bajo. Y yo de Valparaíso, remató.
3) El momento comunitario en donde todos cantamos, y hacemos con la mano en la boca, una imitación de los indios Sioux con el típico "bu-bu-bu-bu-bu-bu-bu-bu-bu" para después entonar "el estrés no me deja culear, el estrés no me deja pensar, el estrés no me deja reiiiiiiir".
4)Cuando cantó el ya famoso tema "Tonteras" ("...tonteras, tonteras, tonteeeeeras, mi vida esta llena de tooonteraaaaas"). Ahí, en ese preciso momento estuvimos todos los presentes demasiado conectados cantando todo el rato "Tooooonteeeeeeeras, toooonteras, tooooooonteeeeras, mividaestállenadeeeeeee toooooonteraaaaaas".
5) "La pala", un tema a propósito de unas palas enormes que usan en la construcción para aplanar el cemento. Álvaro terminó cantando ese tema cagado de la risa junto a sus músicos. Guajajajaja, "la palita" dijo al final, y nosotros también nos recagamos de risa.
Luego vino el chao, y el vuelvo, en donde se cantó un tema lentísimo ("este tema es realmente lento" dijo, y así era). El público le pidió que cantara "Casi, casi gané" y "Bebiendo mi propia esperma" pero no quiso porque nos contó que "ahora soy vegetariano".
Y se acabó todo. Chao definitivo.
Mientras ordenan los instrumentos, me quedo mirando la montonera de personas que se suben al escenario a pedirle un autógrafo, a comprarle discos y a entrevistarlo. Antes que todo se acabe me compro el disco "Drinking my own sperm" de 1977. También me puse a conversar con Peter de los "Ocho bolas".
-"¿Venden cerveza acá adentro?" me preguntó
-"No" le dije, y le pasé mi tercera lata de "Escudo". Y de paso aproveché de comprar el último CD de la banda "Genio y Figura", en homenaje a Pablo de Rocka.
Tres días después (el viernes) desperté soñando con el tema "Valparaíso". Fue un sueño en donde se repetía infinitamente el tema. No recuerdo muy bien cuál era la imagen, pero de fondo sonaba clarito: "Valparaíso, Valparaíso, Valparaíso, Valparaíso, Valparaíso, te dejé atrás, Valparaíso, Valparaíso, Valparaíso, que me vio nacer....Valparaíso, Valparaíso, Valparaíso...".
Eso era lo que se escuchaba en el sueño, pero cuando desperté estaba cantándolo.
"Valparaíso, Valparaíso, te dejé atrás, Valparaíso, Valparaíso, Valparaíso, que me vio nacer....
Ese día en la mañana vi al par de perros (el que weveaba con su cola y el que pedía ayuda). Yo venía de comprar un jugo de piña para combatir la sed, y los vi.
Valparaíso, Valparaíso, Valparaíso, chalalalá.
servido por Juan
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22 Marzo 2006
Un dato: a fines de los 70 un chileno se va a vivir a Londres con un montón de punks. Es el inicio del movimiento.
Se toman una casa (número 101) en donde forman una banda llamada "101'ers" ("cientouneros"). Esa banda no llega a ninguna parte, y uno de los integrantes, que no es el chileno, tiempo después forma otra banda que se llama "The Clash". Y de paso se hace millonario.
Ese es el inicio de todo.
El chileno se llama Álvaro Peña Rojas, y yo estoy sentado, con mi pelo largo y mi morral estilo Illapu, afuera de la Universidad Católica de Valparaíso esperando que empiece un recital de poesía. Sí, porque para el diario El Mercurio de Valparaíso la noticia era más o menos así: "Veterano del punk ofrece recital de poesía". Pero eso lo supe varios días después, cuando traté de entender, un poco, lo que había pasado.
Conocí a Alvaro Peña Rojas cuando empezaban los años 90, a través del recital ese del que les hablo. Debo aclarar que en ese tiempo yo pensaba que "poesía" era equivalente a "un sueño muy profundo", así que muy interesado en el tema digamos que no estaba.
Según mis cálculos todo esto ocurrió entre 1992 y 1994, y leyendo a Bisama confirmo que ando bastante cerca de la fecha.
Y ahí estoy yo. Asustado de haber llegado temprano a alguna parte (de verdad eso me asusta). La hora no la recuerdo mucho, pero todo esto sucede en la tarde, casi de noche. Pongámosle que a las 20 hrs.
Mirando el ambiente me doy cuenta que cerca mío está un joven abogado que semanas antes salió en "Informe Especial" (TVN) promoviendo el libre consumo, y la despenalización total, de la marihuana. Lo apoyo totalmente, pero si no me dicen que es abogado no lo creo, más parece poeta. Tiene pelo largo hasta la cintura y unos lentes pequeños estilo John Lennon. Y el típico abrigo laaaargo de la época noventera.
Sigo esperando la hora del recital de poesía cuando veo acercarse a un montón de pendejos con unas pintas extrañísimas. "Dark" se los llamaba, pero ahora serían "góticos". Delante del grupo venía una mina que se creía murciélago abriendo las alas. En el maquillaje manejaba dos colores: el blanco y el negro. Y en la mano derecha manejaba perfectamente una caja de vino tinto. Detrás de ella venía un batallón de tipos sacados de la misma tecla. Era como estar viendo el video "Triller" de Michael Jackson, pero antes de que se conviertan en zombies.
Por otro lado (digamos que de la otra esquina) aparecieron un montón de punketas que realmente no sé a dónde iban. Al recital no por supuesto, porque -según yo- a los recitales de poesía va gente muy, pero muy seria. Por lo menos eso pensaba mientras esperaba que llegara alguien que me ayudara a saber si me había equivocado de día o no.
Mientras me preguntaba ¿será acá el recital? aparecen un par de artistas del jet-set porteño: Marcelo Novoa (escritor y poeta de Valparaíso) y Gonzalo Ilabaca (pintor famosillo, reconocido a nivel nacional, y que actualmente vive en Valparaíso).
Esa imagen me tranquilizó.
Con todo ese lote: los dark, los artistas, los punks y el resto, entramos a la "Sala Obra Gruesa" de la Universidad Católica de Valparaíso.
Yo no cachaba ni una hasta ese momento y debo reconocer que el recinto se repletó. Luego salió el famoso Álvaro Peña Rojas, y quedó la mansa cagada. Parecía estrella de rock, y aunque el loco tenía como 50 años, los pendejos eran los más contentos.
No recuerdo muy bien en qué momento fue (creo que antes de que actuara Peña Rojas) que salió al escenario Jordi Lloret y sacó un papel doblado en 50 partes desde el cual finalmente apareció un poema en defensa de los delfines, que apenas se le entendía. Jordi casi se caía al suelo de lo doblado que estaba, y cuando terminó el poema dijo, casi susurrando, "Soy Jordi Lloret, el poeta de pared". Aplauso cerrado. Excelente aporte.
Yo a estas alturas estaba "alucineitor", debo reconocerlo. Miro al público y estaban todos "japi" (para los chilenos es "Happy", sorry), miro un poco más allá y veo a Gonzalo Ilabaca con la vista perdida en cualquier parte. Jordi Lloret se va, lentamente, a sentar feliz de la vida.
Luego sale a cantar -por fin- Álvaro Peña Rojas acompañado de un tipo que toca tambores hindues, o algo así. "Aaaa-blablablablabla...ahh yayayayayayay...ablablabla...", se quejaba el Álvaro como si le estuvieran apretando la mano con una puerta, y luego de eso grita "racatatatatatatatatatatatatata....¡¡¡la repetición mata!!!".
Quedó la pelota con el tema. Estaban -estábamos- todos eufóricos. Delante mío estaban unos clones de "The Cure" gritando como locos y pidiendo a grito pelado el tema "Martillo de Goma". La euforia era total.
La cagó el Álvaro Peña Rojas.
Creo que a partir de ese día la poesía tomó otra onda para mí. Ahora me importa una raja que se haga en la calle, en un recital de rock o en una caseta telefónica, a partir de ese día la poesía está en cualquier lado.
Al final del evento los representantes del punk apartaron las sillas y se pusieron a bailar y a saltar como si estuvieran viendo a los "Sex Pistols".
Y Peña Rojas finalmente cantó "Martillo de goma", "Tonteras" y el ya mítico "Bebiendo mi propia esperma". Ese día -está claro- me hice fan de "Álvaro, el chileno de la nariz cantante", como se hace llamar en Europa, donde vive actualmente, y donde empezó todo.
Y ahí estuve metido en la sala "Obra Gruesa" cagado de la risa, pero de felicidad plena. Rodeado de punks, darks, poetas malditos y pintores borrachos.
Álvaro se va en medio de vítores, cajas de vino, aplausos y el típico "otra-otra-otra".
Yo me largo de los últimos mientras un tipo canta una cumbia que dice "loco, loooo-coooo-oh, así me llama la geeeente...".
Y ese fue el inicio de todo. Y claro, Álvaro Peña Rojas, hoy, está de visita en Chile. Pero eso se los contaré después. Después de que vaya al recital de él.
servido por Juan
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17 Marzo 2006
Sólo medio litro de cerveza me zampé el día del encuentro membrillano. Me comporté como todo un caballero (al día siguiente me di un festival de "pisco sours", pero aquel "viernes membrillano" -repito- me comporté de lo más pirulo).
La primera vez que supe de Marcela yo estaba en un programa de radio al que voy de espectador-invitado-entrevistado, y mientras estábamos en un intermedio musical me encontré con un "Nadie me escribe!!!!!!!!!!" que me hizo cagar de risa y ponerme a leer a mi, ahora, compañera de bar. Si, porque no sé cuántos meses después estoy con ella, cara a cara, tomándome el medio litrín de cerveza mientras ella saborea un agua mineral sin gas, que después descubre que tiene gas.
Nos contamos la vida y un montón de cosas más mientras en la mesa de al lado le daban el bajo a una botella de pisco puro y a un jarrón de borgoña.
Al final del evento descubro que en el baño del "777" hay más acción que afuera. "Se ve todo desde afuera" le dice un tipo al par de amigos que no sé qué cresta hacen adentro de una caseta de baño. O sea, me imagino dos cosas que ellos pueden estar haciendo pero no puedo identificar cuál es la que están haciendo. Y el mismo tipo que los advierte les dice "los pies y el gorro se ven desde afuera, já".
Ese fue el primer encuentro con la alcaldesa de la Comunidad del Membrillo, a la que vi perderse entremedio de un montón de superhéroes. Yo diría que -casi- la vi irse con un traje de mujer maravilla.
"Me abdujeron. Saludos", ese fue el último texto que supe de ella.
Quizás dónde estarás ahora Marcela.
Saludos a tí también.
El sábado 11 de marzo, en tanto, traté de llegar a tiempo a la ceremonia en donde Michelle Bachelet asumía como presidenta de Chile, pero llegué al final de todo: al final de la ceremonia, al final de las entrevistas, y al final ya todos los tipos importantes se estaban yendo para la casa.

A los únicos que vi en el inicio de algo fueron a los integrantes de C.Q.C. (Caiga quien Caiga) y a Amalia Granatta (modelo argentina) que se paseaba, ultra-rica ella, con unas caderas increíblemente desarrolladas, y un escote maldito.

Bueno de los CQC estaba Nicolás Eyzaguirre (alias "cuchillo") acompañado de Pamela Le Roy, tratando de grabar algunas notas entremedio de una manada de gente que los interrumpían a cada rato para decirles una cantidad de huevadas increíbles. Le contaban problemas de la población donde vivían, problemas de salud, le "recomendaban" temas para que siguieran denunciando en el programa, le pedían autografos y fotografías, le decían "wena cuchillooooo", y a Pamela Le Roy le dijeron que era bonita pero que estaba muy flaca.
Miles de huevadas que se le ocurren a la gente cuando aparece la televisión. Otros giles se cruzaban por delante de la cámara justo cuando estaban grabando, mientras un viejo chico con maleta gritaba "¡¡la tele está muy degenerada!!".

También vi a Claudio Fariña (periodista de TVN) diciéndole a Andrés Allamand "es que tengo que pedir permiso po weón..." mientras éste lo molestaba por la demora con la entrevista, y a un montón de viejas con una cinta tricolor simulando ser la banda presidencial, y vestidas como para un casamiento.

Eso fue lo último que vi, de la ceremonia de cambio de mando, antes de partir.Y me fui pensando en la cantidad de tonteras que "el pueblo" hace cuando aparece la televisión. Más que ver a Sebastián Piñera de cerca, o a Alberto Espina hablando como si estuviera haciendo una denuncia importante, me impresionó darme cuenta de la simpleza de la gente. Una mezcla entre ingenuidad y felicidad infinita que hace que salgan a la calle disfrazados como si esto fuera una actividad de colegio. Con plumeros y carteles.
También me fui pensando en la infinita cantidad de tonteras que "el pueblo" le pide a "los que trabajan en la tele", creyendo que la solución de todo está ahí.
Eso pasa cuando aparece la caja idiota, aunque no sé bien de qué parte se ponen los idiotas. Si adentro de la caja, o afuera de ella.
O en ambos lados.
servido por Juan
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14 Febrero 2006
Estuve en un recital de rock repleto de pendejos (o sea, muchos jóvenes de menos de 20 años). A ratos pensaba en que ya no soy parte del público objetivo, pero qué mierda si todavía me gusta escuchar rock, y no bossa nova.
Así que vamos.
Mientras escucho a “Los Bunkers” veo a una señora, que bien podría ser mi madre, vestida con una chaqueta gruesa, un bolso grande y un gorro. Luego aparece un niño de no más de 15 años y ella le olfatea las manos, como si fuera un perro, para saber si fumó, y después le da un beso para saber si estuvo tomando. El pendejo parece que está bien mareado porque después le pide a la señora que lo acompañe a tirarse en el pasto. Y ella parte detrás de su hijo junto a otro pendejo más chico aún.
Yo no sé qué hacen todos ellos metido ahí en el recital, pero la escena me enternece. Pienso en el esfuerzo de la vieja por acompañar a su hijo. Y también pienso en el hijo, al que no le molesta que su madre lo vea borracho, o mareado después de fumarse un buen pito de marihuana. Más encima ella lo abrazaba y él le responde los besos. Puro cariño rockero.
Después la señora le pasó 500 pesos para que se fuera a comprar unas papas fritas.
Eso me motivó.
A comprar papas fritas.
También estuve mirando a una pareja de novios sacándose fotos. Ella era la modelo y el gil era el fotógrafo. Digo “el gil”, porque el tipo no tenía idea de cómo sacar una foto digital. La escena era la siguiente: ella bailaba, y movía el culo, muy sonriente para la cámara, y él sacaba la foto, pero sin flash. Después se la mostraba a ella, y ella le pedía que la sacara de nuevo, pero esta vez con flash. Y vuelta a mover el culo sonriente, y el tipo a sacar la foto. Y otra vez la foto salía mal, y por supuesto había que hacer el show nuevamente. Y ahí estaba la mina -otra vez- moviendo el culo, y el weón sacando la foto sin flash.
Deben haber estado haciendo esto como nueve veces hasta que por fin “el gil” sacó la foto con flash. Yo los miré todo el rato pensando en que en algún momento se iban a aburrir de la escenita, pero no.
La perseverancia es la madre del éxito.
A todo esto, “Los Bunkers” demostraron lo que significa ser una banda de rock consolidada. Yo diría que nos pusieron la pata encima desde el principio. Era como ver un enorme zapato, una enorme suela de zapato colocándose sobre nosotros convertidos en hormigas sobre el césped del Sporting Club de Viña del Mar. Secos los weones.
"Los Miserables" actuaron antes. Según un amigo el vocalista tiene esa enfermedad en que los tipos envejecen con rapidez. Ahí entendí la extraña forma de su cara. Es como una vieja flaca y fea, pero punk. La primera vez que lo vi pensé en que uno se queja por estupideces. Y después de que se fueron del escenario me puse a pensar en lo curioso que es ver a toda la gente gritar, feliz de la vida, y puño en alto: "MI-SE-RA-BLES, MI-SE-RA-BLES, MI-SE-RA-BLES!!!". Todos felices.
Después de los "Bunkers" actuó “Sinergia” (los de la fotito de arriba) y recordé una historia de hace unos 4 años, en donde fui, junto a un tipo de apellido "Niculcar", a un recital en donde actuaban dos bandas de rock, “Niño problema” (que ya no existen pero que eran una excelente mezcla entre ska, metal y punk) y “Sinergia” (que yo no tenía idea de quiénes eran). Todo eso incluía, además de la entrada, una cervecita helada.
Finalmente aluciné con ver en vivo a “Niño problema”, pero recuerdo claramente cuando Niculcar me dijo “ahora vai a ver la diferencia entre una banda emergente y una banda consolidada”.
Y tenía razón. “Sinergia” era –ya- una banda consolidada. Sonaban a años luz de diferencia con “Niño problema”, y el oficio se les salía por los porros.
Esa historia recordé cuando -4 años después- veo a “Don Rorro" (vocalista de Sinergia) vestido como siempre (pantalones cortos, camisa bien planchada, corbata y gorro) y con un abrigo enorme.
Sinergia ha multiplicado su progreso por 20. Los tipos van como avión. Ahora no sólo tocan rock, y se cagan de la risa de todo (y de todos). Ahora también son: teatro en vivo, performance y humor. Al inicio aparecieron unos tubos fluorescentes que se prendía mientras una voz de robot de los años 80 decía: "y quion ustedez presentiamos al grupo zi-ner-gia". Una weá muy ordinaria pero que al final era para cagarse de la risa.
Ese fue el inicio. Todo lo demás fue puro "rock metal-pájaro", como se definen los mismos Sinergia.
Después vinieron "Babasónicos" con una propuesta tan hermética que a ratos me dieron la impresión que nunca se dieron cuenta que estuvimos ahí mirándolos.
Y la cara del vocalista era muy extraña. Parecía una vieja con peluca y barba.
De los "Attaque77" sólo puedo decir lo siguiente: si "Los Bunkers" fueron un zapato gigante, los "Attaque" fueron una gigante, e impecable, bola de acero blanca que que cayó sobre nosotros, sin avisar.
Eso se llama un ataque.
Bueno, todo este show lo vi gracias a un post que mandé a un concurso de la "Zona de Contacto", y que me hizo ser uno de los tres ganadores de entradas para ver el recital. Así que acá va el culpable de todo esto.
Léanlo con música de fondo de cualquiera de los grupos que estuvieron ese día.
Yo invito.
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"Cuando pase el temblor"
Cuando tenía 15 años mis padres decidieron volver a hacer el mismo tour de un par de años antes. Esto quiere decir: Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil.
Todo en 22 días, pero en bus.
El comienzo no fue de los mejores. El bus que llegó a recogernos parecía sacado de la sección de autos usados, pero de los más usados. Se notaba que le habían hecho un “fashion emergency”, pero se notaba demasiado. Con suerte tenía baño.
Ya arriba del armatoste nos dimos cuenta que “la empresa” había vendido 47 asientos en circunstancias que el bus tenía sólo 45 asientos. Mi hermano (de 13 años) fue uno de los que quedó sobrando, y no encontraron mejor solución que ofrecerle una silla de playa, ubicada en el pasillo, para que se sentara. Así tal cual “una silla de playa”, pero en miniatura.
No alcanzamos a entrar a Argentina cuando nos quedamos en pana. Todo mal.
Cambio de bus entonces, ahora todos a subirse a un bus de una empresa argentina llamada “Rojas”. Eso nos mantuvo felices hasta que, ingresando a Mendoza, saltó una piedrecilla y páf, se quebró todo el vidrio delantero. Y nos pidieron abrir todas las ventanas del bus para evitar que la fuerza del viento dejara de cachetearle la cara al chofer.
Repito, todo mal.
En Mendoza recuperamos el bus original, lo que no nos alegró tanto.
En Paraguay volvimos a quedar en pana en medio del desierto o algo así. El calor era de los mil demonios, así que dejamos el bus botado y nos fuimos a buscar un lugar donde tomar agua. Llegamos a un bar de mala muerte al que sólo iban las moscas, pero logramos refrescarnos algo.
Después pasó lo mismo de siempre: apareció otro bus (esta vez de una empresa paraguaya) mientras reparaban la chatarra nuestra, que después volvía a quedar en pana. De hecho, creo que no hubo país, o ciudad, en donde no quedamos en pana.
Hasta chocamos con unos tambores que había a un costado de la carretera.
Para colmo, después de tantas panas, tuvimos que hacer una “colecta” para poder sacar la chatarra del taller mecánico, ya que los encargados del tour se habían quedado sin dinero en efectivo.
Pero eso no fue todo. En la frontera con Brasil quedamos atrapados porque no teníamos no se qué permiso, así que tuvimos que pasar la noche encerrados en el bus ya que no teníamos a dónde ir. Con mi hermano nos entretuvimos mirando sapos, me refiero a sapos de verdad, cientos de sapos que andaban por ahí afuera saltando, pero al poco rato tuvimos que devolvernos al bus-hotel porque los zancudos nos estaban comiendo vivos.
Adentro del bus el calor era insoportable. Y el olor también.
Fue tanto el suplicio que al rato una de las pasajeras despertó con un ataque de histeria, sudada completamente, llorando y pidiendo a gritos que la sacáramos de ahí, así que se la llevaron hasta una oficina cercana para que descansara un rato. El resto de los pasajeros seguimos en el sauna, perdón, en el bus hasta el otro día.
En Brasil llegamos a Florianópolis, hermosa ciudad pero llena de bicharracos. Y el grupo se dividió en dos, unos se fueron en el bus y alojaron en un hotel, y nosotros alojamos en el otro extremo de la ciudad en unos de esos departamentos que se arriendan por día.
Se suponía que íbamos a descansar pero no dormimos casi nada, el suelo estaba lleno de cucarachas y los zancudos nos dejaron la piel anestesiada de tanto picarnos (mi abuela era un aeropuerto de zancudos por ejemplo). Finalmente, sudados y con sueño, nos levantamos como a las 6 de la mañana a “descansar”.
Se suponía que el bus, junto al otro grupo de gente, nos pasaría a buscar a las 8 de la mañana, a una plaza cercana a los departamentos. Y ahí estuvimos: a las ocho, a las nueve, a las diez, a las once, a las doce…y a las ¡dos! de la tarde esperando que aparecieran estos desgraciados que se llevaron el bus.
Hasta que apareció uno de los choferes vestido como jeque árabe pero bronceado. Venían de la playa porque –adivinen qué-, el bus se había quedado en pana y lo llevaron a reparar.
A nosotros nadie nos avisó lo que pasaba, y estuvimos como santos giles esperando que llegara la chatarra panera. En cambio, al otro grupo les avisaron del desperfecto con anticipación y aprovecharon de pasarlo rico en la playa.
Recuerdo que todos los viejos de nuestro grupo estaban tan enojados que cuando supieron lo bien que lo habían pasado los demás empezaron a empapelar a chuchadas al chofer del bus, y más encima se tiraron arriba de él para golpearlo. Mi viejo, que no es muy bueno para los combos, estaba listo para agarrarle el cuello al jeque árabe, pero el tipo zafó de la golpiza gracias a la intervención de las mujeres.
Partimos de vuelta a Chile con la cara más larga que he visto hasta que pasó lo insólito (si es que puede haber algo más insólito en este viaje): otra maldita piedra saltó y rompió –otra maldita vez- todo el parabrisas delantero del bus, pero esta vez, producto del viento que había en la cordillera, se fueron volando todos los papeles que nos permitían salir de Argentina, y entrar a Chile.
La imagen que tengo es nítida: todos los adultos, con notable sobrepeso, corriendo por la cordillera detrás de las hojas que volaban y volaban. En un momento nos dio risa pero ahora que lo pienso bien, el espectáculo era patético. Desde el chofer hasta mis padres, corriendo detrás de las hojas que finalmente rescataron.
Con eso ya nada más nos podía suceder, pero a esa altura el rumor de que “alguien” dentro del bus era “yeta” había agarrado fuerte, y mi madre se encargó de decirme al oído que, “dicen que tu papá es yeta”. ¿Qué es yeta? Le pregunté.
-Alguien que trae mala suerte, me dijo.
-Chanfle.
Cuando estábamos a punto de entrar a nuestro país, un compatriota nos contó que en Chile “han habido como mil temblores”.
-Sale “pallá”, ¿mil temblores?. A dónde la viste.
Cree que somos giles, pensamos todos.
Pero bueno, al fin y al cabo llegamos de vuelta a Chile.
Habían pasado un par de días y yo me encontraba arreglando mi bicicleta encima de mi cama. Una flojera más de las tantas que uno comete a los 15 años, pero en eso estaba cuando empezó a temblar. Y el temblor se transformó en algo más fuerte, y finalmente quedó la tremenda cagada en casi todo el país.
Eso fue el 3 de marzo de 1985: el famoso “terremoto del 85”.
Y mientras miraba, con mi padre, como se caían algunos muros de casas cercanas recordé eso que nos dijo el chileno (“han habido como mil temblores”).
También recordé todo lo que nos pasó en el tour.
Ese fue el final de mis vacaciones del año 1985.
servido por Juan
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16 Diciembre 2005
Hoy día, en el bus que tomo siempre (Viña-Santiago) a eso de las 6AM, se subió un tipo hablando por celular, y jadeando como si viniera de una competencia de atletismo.
Yo me estaba acomodando en mi asiento para mi segunda fase de dormir (la primera es en mi casa) y el compadre pasó hecho un bólido por al lado mío, así que no le vi más que la manga de la chaqueta (era color gris, gran dato).
Bueno, el tipo siguió hablando por teléfono, pero del jadeo pasó a una cosa parecida a llorar. Yo, "supuestamente", tenía un sueño enorme a esa hora, pero no pude aguantarme y, toiiiiiiiiiiiiiiinnnnnc estiré mi oreja de goma lo que más pude para tratar de escuchar. Pero el motor del bus trabajaba para el enemigo.
"Ayyyy...uffffffff" decía el tipo, y suspiraba como si fuera a tragarse el bus entero. Después volvía a quejarse. "Ayyyyyyyyy.....ufffffffff".
Y volvía a suspirar profundo.
Al rato dijo "flaca...es que yo soy muy maricón pa afrontar la vida..." y buuuuuu. Se largó a llorar como un niño por harto rato.
A moco tendido lloraba el pobre weón mientras le hablaba a la "Flaca" otras cosas que no pude escuchar bien.
Después de dejar el celular mojadísimo de lágrimas, y mocos, el compadre -más tranquilo- le preguntó a la flaca, "¿qué vai a hacer el fin de semana", y la invitó a que se viniera para Santiago.
Parece que la Flaca no quería irse a Santiago porque le insistía, y después de harto rato el tipo empezó a decirle "¿sherto?" (que yo creo que era "cierto" en lenguaje amor-infantil). ¿Sherto? le decía a la Flaca que parece que también estaba sufriendo con todo esto.
Y debo confesar que, a esa altura del recorrido, yo también.
Luego el tipo se puso a hablarle a la Flaca bien bajito.
Yo alcancé a escuchar algunas palabra claves como "vida", "amor", "es que yo" "es que tú", es que ya, es que empezó a hablar bien bajito. Casi susurrando. Como cantando una canción de cuna.
Y ahí yo me quedé raja dormido: ¿Sherto?.
servido por Juan
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8 Diciembre 2005

Este afiche-invitación me llegó, por mail, el martes.
Y ahí voy: caminando hacia la SECH (Sociedad de Escritores de Chile) y pasando por una fuente de soda, del porte de un baúl, que se llama “Valparaíso”, adentro había un enano comiéndose un completo (“hot-dog” que le llaman algunos). También pasé por una calle que se llama “Viña del Mar” y por un bazar que vendía ropa de niños, bebidas, pan y artículos de librería, todo eso metido dentro de un nombre muy extraño, algo así como “i´shiasn”. No recuerdo muy bien pero era una weá así.
Ichiax parece.
En total creo que éramos como 80 personas metidas en la SECH, a oscuras, viendo unas diapositivas con las caras de los mismos tipos que aparecen en el afiche que encabeza este escrito, pero haciendo otras morisquetas. La proyección de las "diapos" era sobre un muro que tenía un pequeño relieve tipo ventana, así que los "carachos" se veían más raros aún porque a veces las mandíbulas, o los ojos, quedaban entre el relieve y el muro.
Entre las caras que iban apareciendo estaban las de algunos famosos: Roberto Bravo, pianista chileno que no sé que hacía metido ahí, “Lalo”, vocalista de la banda de rock chileno Chancho en Piedra que sí tenía que ver ahí, y el "Weichafe", Angelo Pierattini.
Vimos no sé cuántas caras raras con música electrónica de fondo. Después apareció el chascón del vaso (vean el afiche otra vez) tocando un órgano marca -creo- "Honner" con otro tipo armado con una guitarra. Se pusieron a cantar, a tomar vino y terminaron cagándose de la risa (el de la guitarra sobretodo) mientras el organista casi se acrimina con el instrumento. La letra del tema que cantaron decía más o menos así: “la sin hueeeeeeeeeesoooooooooo, la sin hueeeeeesooooooooooo, chalalalalaaaaaaaaaaaaa”. Eso repetido varias veces hasta que el organista se volvió loco, y al guitarrista le vino el ataque de risa.
Después apareció el barbón (Jorge Toro) vestido como si fuera un oficinista. Se sacó la corbata, se la colocó de venda para los ojos, dijo la palabra “PRO-TO-CO-LO” y se largó a cantar, o mejor dicho: a susurrar en francés con un tono calentón estilo cabaret. Todo esto mientras se arrastraba por el suelo repitiendo frases como "lenfant de merg". Luego se colocó una máscara que simulaba una oruga-marciano y, mientras seguía arrastrándose, consiguió sacarse la corbata y agarrarla con la boca. Después apareció otro hombre-bicho que también se arrastró y se fue.
Toro terminó todo este show demostrándonos que el volumen del micrófono podía dejarnos sordos. WUAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA.
Se mandó unos tremendos gritos, después volvió a susurrarnos en francés y se fue de lo más serio.
Luego de eso hubo un poco de tranquilidad con una mina leyéndonos textos como “el moru es el nombre de un río invisible” o, “si un perro no aúlla es chistoso pero no es un perro”, para luego aparecer otra sesión de diapos, esta vez sólo de ilustraciones. De fondo había música electrónica, y a ratos se escuchaba una voz pasada por algún sintetizador del año 70, era como de esos efectos computacionales del año de la pera (cuando hablaban los robots en la tele) que decía “la-sin-hue-so”.
Bip-bip.

Entre las ilustraciones que mostraron destaco la de un perrito flaco con una radio amarrada en el lomo. Yo en tanto, tenía hace rato en mi cabeza la ilustración de un baño, así que no aguanté más y salí del salón.
Llegué a un lugar que hacía las veces de camarín y en donde me encontré con un flaco, muy flaco, que era el que salió vestido de "segundo bicho" de la performance de Toro. Había otro tipo, además del flaco, que me preguntó sobre el espectáculo que había visto, y yo le dije “me gusta, está entretenido”, y al weón fue como que le hubiera echado ají en el culo porque me miró con cara de odio y me dijo “cómo que entretenido, si esto es arte”. Puta el weón denso, así que le dije “y qué tiene si para mi el arte es entretenido”.
En esa discusión estética estábamos cuando el "flaco-bicho" nos pidió que nos retiráramos, pero después me confesó que lo había dicho sólo para que el gil denso se retirara de una vez por todas, y se colocó el dedo índice en la cabeza.
Está loco ese weón me dijo.
Y al weón finalmente lo tuvieron que sacar a la fuerza desde camarines.
De vuelta al salón vi al chascón del órgano-rockero tocando guitarra con la cabeza inclinada como si quisiera meterla adentro del hoyo que tienen las guitarra en el centro. Se daba cualquier cantidad de vueltas y la música que tocaba parecía introducción de algo, pero después no “introducía” a nada. Luego de eso se largó un texto sacado de lo más profundo de su garganta que decía “el vaquero siiinnnn espíriiiituuuuuu, el vaquero siiinnnn espíriiiituuuuuu”. Y así sucesivamente.
Aplausos.
Se va el chascón guitarrero y aparece Jorge Toro parado frente al flaco que estaba en camarines. Me comentan que ellos dos son hermanos y entiendo todo en ese mismo instante: el flaco es la versión Jorge Toro pero en huelga de hambre.
Bueno, ahí están los dos frente a frente y el flaco le manda una tremenda cachetada a su hermano. Luego el gordo le tira maní salado, o algo así, como para que el flaco, que está arrodillado, se lo coma. Después no recuerdo qué hacen pero imagino que se arrastraron por todo el escenario, o una cosa así.
Todo este evento fue rematado con el vocalista de Weichafe cantando desenchufado. Se sentó con su guitarra en mano y nos dijo: “puta la noche fric”, y se largó con dos, o tres, temas. Después agregó “ojalá que termine luego esta weá para que nos tomemos unos copetes”.
Luego de eso, la predicción del "weichafe" se hizo realidad y nos fuimos todos a un salón a tomar vino tinto y blanco. Ahí me presentaron a Jorge Toro que estaba con los labios pintados de rojo estilo Drácula. Le preguntaron cómo se había sentido y dijo “me gustó, estuvo entretenido”, y yo aproveché de contarle que con esa frasecita casi me agarro a combos con un gil cuando, casualmente, aparece precisamente "el gil que cree que el arte NO es entretenido" a felicitar a Toro.
No tengo idea de qué hablaron porque a mi me esperaba mi fiel bus olor a culo con dirección a Viña del Mar y me tuve que ir. Lo único que recuerdo es que Jorge fue un tipo muy educado y que el gil estaba con los ojos más estrambóticos que la chucha mientras al lado lo esperaba una gorda con una chasquilla estilo escobillón, y una cara de aburrimiento increíble.
De toda esta "performance" me queda la inversión que hice en comprar los cuatros números de la revista de arte “Sin huesos”, y tres ejemplares de “Niktalope”. En total invertí 3600 pesos.
Siete dólares.
servido por Juan
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6 Diciembre 2005
El domingo estaba todo pasando en Viña. O sea, me refiero a que el día estaba particularmente lindo. Un sol suave.
Antes del domingo, voy a contar que el sábado en la noche estuve en un bar de un amigo ("Bar Restaurant Vienés") tomando una cerveza que se multiplicó por cuatro -o cinco- cuando apareció el Nico (un amigo de barrio, que también es un ex compañero de universidad) junto a varios tipos más entre los que estaba el "Negro Sáez" (que después de muchos años de saludarlo supe que él era, precisamente, el "Negro Sáez"). Se formó un grupo grande repleto de desconocidos. Luego le cantamos el cumpleaños feliz a una rubia que no sé como se llama, y que se encargó de desparramar una bolsita llena de maní sobre la mesa. “Es la piñata” dijo.
Nico me contó una historia que prometí colgar, y acá va: Albert Einstein antes de ser ultra famoso dictaba muchas conferencias acompañado de su chofer. Eran tantas las conferencias que escuchó el chofer que se aprendió todo de memoria, así que un día intercambiaron roles: Einstein de chofer, y el chofer de conferencista. Todo bien hasta que llegaron las preguntas del público y el chofer, que no tenía idea qué responder, frente a toda la audiencia dijo: “es tan fácil la respuesta a esa pregunta que hasta mi chofer te la puede responder”. Toma.
Bueno, del "Bar Vienés" salimos medios caramboleados, y yo rematé la noche en el “Taller de Papá”. Un oscuro bar, lleno de letreros y adornos de cualquier cosa, en donde le di el bajo a una “chorrillana” (plato típico de la Quinta Región: papas fritas, huevo frito, carne y cebolla. Todo mezclado en un gran plato).
Buenas noches los pastores. Estaba buena la “chorrillana”.
Entonces, yo estaba diciendo que el día domingo era particularmente lindo. Salí a caminar un rato por la calle Valparaíso (calle principal del centro de Viña) buscando alguna foto entretenida. Vi a un tipo sacando rastros de afiches del concierto “Enamora2” y casi me pongo a ayudarlo, también vi una fotocopia pegada en un muro invitando a una conferencia de “La Nueva Acrópolis” con una inquietante pregunta: “Quijote de la Mancha: ¿loco o idealista?”. Un poco más allá “multitiendas ABC” llenaba la calle con el tema “Thriller” de Michael Jackson mientras los vendedores miraban la gente pasar. En el restaurante “Rancho Linares” promocionan un sándwich, supuestamente, espectacular. No me acuerdo los ingredientes pero entre paréntesis colocaron “pan batido”. Esto quiere decir que está hecho con el pan más contundente que puede haber: el pan batido, que en Santiago y en el resto de Chile le dicen “pan marraqueta o pan francés”. Mil seiscientos noventa pesos (un poco más de 3 dólares).

Llego a la Plaza de Viña, y en la esquina del frente veo un tipo mirando al sol y hablando solo. El weón estaba con un malísimo aspecto, como que si lo hubieran arrastrado por cuadras desde un carruaje y en un camino de tierra. Además tenía la piel ultra bronceada y una cara que indicaba que la fiesta del día anterior había estado demasiado buena. Pero peligrosa.
Desde la plaza me puse a analizar cómo sacarle una foto sin que se diera cuenta mientras un viejito, sacado de un cuento de gnomos, ordena una serie de bolsas que no sé que contienen. Después vuelvo a mirar al gil bronceado y veo que después de conversarle al cielo, y hacer unas mariguanzas raras, toma vuelo y le manda un tremendo combo en la cabeza, ¡y por la espalda el muy maricón!, a un viejito como de 60 años que estaba esperando la luz verde del semáforo para atravesar la calle.
¡Pum!, de hocico al suelo se fue el viejito con el tremendo cachuchazo que le dieron en plena cabeza, y sus lentes salieron disparados a cualquier parte.
Todo eso lo estaba viendo en ese “lindo” día domingo, y como tenía todo el tiempo del mundo, llamé a los pacos de inmediato para que se llevaran preso al chucha de su madre que después se puso en posición de combate estilo Bruce Lee, y amenazando al pobre viejo que ya se había parado.
Nadie hizo nada, y el viejo-golpeado se fue, pero al rato apareció nuevamente acompañado de un carabinero, y ahí se quedaron esperando que llegara el furgón que nunca llegó.
Es decir, el furgón llegó pero llegó tan tarde que yo a esas alturas ya era parte de los protagonistas. En realidad fui el único que estuve acompañando al viejito que me daba una pena enorme porque lo vi indefenso, medio despeinado y contándome que su esposa lo esperaba en el supermercado. También me dijo que él siempre andaba con un “fierro” en la chaqueta, “y se imagina usted si le entierro el fierro en la guata. Me llevarían preso de inmediato” me decía el caballero mientras yo me miraba en el reflejo de sus lentes oscuros. Eran como una vitrina.
Yo le preguntaba a cada rato si se sentía bien porque con el tremendo tortazo que le dieron podía darle un patatús más tarde. A los pacos, por mientras, les di mi propia versión de los hechos, y les agregué que si no podían llevarse a un “loco” detenido (en Chile los “locos” no pueden estar presos, ni detenidos ni nada. Sólo en hospitales) por lo menos que se preocuparan de resguardar al resto de los giles que circulamos por la calle.

Entremedio de todo esto apareció el viejito sacado de un cuento de gnomos diciendo varias veces “ese está loco, se arrancó y está loco”, mientras "el loco" se paseaba por todos lados y hablaba solo.
Y hasta que por fin se llevaron al hijo de puta que no le interesaba para nada lo que pasaba a su alrededor. Se metió al furgón como si fuera su casa. Antes de eso se paseó por la calle y se apoyó en un camión de una empresa de seguridad que fue a buscar la recaudación de la Farmacia Ahumada de la esquina mientras hablaba y se reía de cualquier huevada. Todo ese show antes de que lo metieran al furgón, y debo confesar, que los 8 pacos que finalmente llegaron en realidad NO se lo querían llevar detenido, porque para ellos parece que era un lío increíble.
Finalmente el viejito-golpeado me agradeció una enormidad que yo lo apoyara, le anoté mis números de teléfonos en caso de cualquier cosa, y él me dio su nombre: “Fidel Cortés Nieto” dijo, y yo tratando de memorizarlo pensé que era Fidel Castro Nieto, pero no.
Luego de eso se llevaron al loco, y yo me quedé con la imagen del viejo del cuento de gnomos.
Pero ahora que lo veo en la foto creo que parece Viejo Pascuero.
servido por Juan
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29 Noviembre 2005
Se pronuncia Chiaos, pero se escribe “Ciaos”. Es la segunda vez que estoy en ese restaurante de Viña. La atención es muy buena salvo por algunos líos como los que me quiere contar la niña que me atiende, pero que no puede porque me mira con cara de urgida, y se va. Pero antes de irse me dice “puros problemas hoy día”, y ahora sí que se va.
Descubro que el “Ciaos” tiene segundo piso cuando veo bajar a un grupo de pendejos sacados de un bar universitario. Un tipo en chaqueta de jeans con el pelo largo, una mina teñida colorina y vestida con onda hippie y otro tipo muy flaco como si fuera un lápiz, con la cabeza rapada y un "pearcing" en la oreja que parece colmillo de perro. Detrás de ellos vienen bajando los papás (no es difícil reconocerlos) y la vieja le dice al marido “diles que por lo menos te descuenten el postre”. Y claro, parece que de verdad le han descontado el postre porque el tipo, cuando pide hablar con el jefe soluciona todo.
Y se van de lo más normal todos.
Trato de interrogar -sutilmente- a la garzona pero lo único que logro es confirmar que los del segundo piso eran los “problemáticos”. Y me pone cara de “no puedo hablar mucho, uhhh”.
Se acabó mi almuerzo, mi schop de medio litro y mi postre de manzana. Me retiro.
Ciaos!!!.
A las 20 hrs. empieza mi suplicio. ¿Les dije que estoy hablando del día domingo 27 de noviembre?. Bueno, voy a un recital que se llama “Enamora2” en la Quinta Vergara de Viña del Mar. Es la copia del recital “Gira-dos” de Miguel Bosé y Ana Torroja, pero en versión Chilena. La única forma de ir a ver a Alberto Plaza y a Myriam Hernández es que me hayan regalado las entradas. Y vaya qué regalo.
Recuerdo una vez que fui a ver a Myriam Hernández, y que también era gratis. Yo tenía 15 años y la música de ella me importaba, y me sigue importando, un soberano rábano pero yo deseaba -y necesitaba- verle las piernas a esa mujer. Y lo logré. Aunque casi me llevan preso por hacerle una zancadilla a un paco que me empujó cuando Myriam se retiraba, pero valió la pena todo, incluso escuchar sus temas.
Ahora estoy 20 años más viejo y sigo creyendo que la tipa es de lo peor, musicalmente hablando claro está. Y es que para mí los “baladistas” tipo Alejandro Sanz, Luis Miguel y un largo etcétera son una maldita plaga.
Pero bueno, llego a la Quinta Vergara 30 minutos antes y descubro que todo es al revés que en un recital rock: el ambiente está repleto de viejas gordas sacadas de algún Centro de Madres, familias enteras con cara de buenitos y parejas de enamorados después de la hora del té. Nadie revisa nada y pareciera que la policía está de adorno.
Alcanzo a ver una señora con las piernas como de elefante, que le cuesta un mundo llegar pero le hace un empeño enorme. Pobre señora.

Ya sentado, y mientras espero el suplicio, descubro una nueva forma de asaltar al público: la venta de dulces, confites y bebidas. Lo más chistoso es ver la cara de la gente cuando preguntan el valor de un paquete de papas fritas. Abren unos ojos como de papa frita, pero antes de pelar las papas.
Y para variar hacen todo al revés. Primero compran, y después preguntan cuánto cuesta.
Después de eso viene la cara de espanto.

Delante mío hay un par de viejas que disfrutan de un pequeño picnic. Una de ellas se chupa todos los dedos de las manos mientras conversa con la otra de un recital de La Ley (siempre he sostenido que La Ley NO es un grupo de rock, y lo confirmo escuchando a esta vieja).
Entremedio de toda esta espera, por las pantallas gigantes pasan una y otra vez el mismo comercial del auspiciador de “enamora2”. ¿Saben cuál es la mejor farmacia? pregunta Andrea Molina, "...Farmacias Ahumada", responde ella misma, y lo pasan una y otra, y otra, y otras miles de veces el mismo, y maldito, comercial.

Mientras mis bolas se inflaman lentamente me entretengo mirando la fauna farandulera que va llegando: la cantante Gloria Simonetti (más joven que hace 20 años), luego la Alcaldesa de Viña del Mar, Virginia Reginato (que es amiga de Gloria Simonetti), y más tarde llega Sonia Fried, mamá del tenista Nicolás Massú (que a su vez es amiga de la Alcaldesa) y que saluda al público como si fuera Presidenta de Chile, y al último aparece el tenista Fernando González (amigo de Nicolás Massú). Todos ellos llegan por separado y se sientan bien adelante. Son una gran familia de amigos.
También diviso a Víctor Dagovich quien hace años (como en 1993), cuando era dirigente poblacional, me contrató para hacer clases de comics en un sector bien "pobla" (para los extranjeros léase, tercermundista a cagar). Las clases no llegaron a ninguna parte, pero Víctor sí. Ahora él es una especie de "encargado juvenil" de la Municipalidad de Viña, y se pasea como "Pedro por su casa" por todos lados.

Otro que está, pero bien lejos, es Rodrigo Mancilla (un locutor regional que muy poca gente conoce) y un poco más atrás está "El Loro de Wanderers”. Me explico, Santiago Wanderers es el equipo de la ciudad de Valparaíso que tiene como mascota oficial a un loro personificado por un gordo que a estas alturas es (casi) famoso en la Quinta Región. Por eso digo que “también está el loro de Wanderers”, que es como le decimos (casi) todos.

Estoy tratando de ver qué otro famoso está presente en la Quinta Vergara cuando hacia mi izquierda (unos 5 asientos más allá) está el flaco que parece lápiz con el colmillo de perro en la oreja, y todos los tipos que estaban en el “Restaurante Ciaos” (y que según yo eran sacados de un pub universitario).
Esta ciudad es del porte de una moneda, pienso. Todos nos conocemos, reflexiono, mientras el “flaco-lápiz” trata de convencer a un guardia para que lo deje pasar más adelante de donde ya está. Después de una media hora lo logra, y se sienta en palco (yo estoy en platea).
El resto de la familia del “flaco-lápiz” (su hermana es la colorina-neohippie con el novio-chascón con chaqueta de jeans) se quedan donde estaban.

Tengo las pelotas del porte de un barco porque Andrea Molina no para de preguntarme ¿Cuál es la farmacia más barata de Chile?, ¿Cuál es la farmacia más barata de Chile?, ¿Cuál es la farmacia más barata de Chile?, ¿Cuál es la farmacia más barata de Chile?. Si ya sé que Farmacias Ahumada mierda!!!!.
Los “asaltantes” disfrazados de vendedores ambulantes hacen el negocio del año vendiendo todo al 300% más caro, y a medida que llega la noche la oferta de productos aumenta: se agrega el "café-café al ricafé" y "lleve las antorchas-lleve las antorchas" (una especie de espada láser de la guerra de las galaxias pero corta). También diviso un vendedor de cintillos escritos a mano (muy mal escritos por lo demás) que dicen, lógicamente, “Alberto Plaza” o “Miriam Hernández”.
"El momento patético de la tarde" viene cuando encienden la cámara filmadora que se conecta directamente con la pantalla gigante del recinto, y empiezan a grabar a la gente. Me da vergüenza ajena ver todos mis "compañeros" de recital saludando y riéndose cuando se ven en la pantalla gigante. Yo trato de mantener mi anonimato de manera honrosa, pero el resto sigue haciendo morisquetas.
Aquí es precisamente en donde flaqueo, levanto mi cara al cielo y me pregunto “qué mierda hago metido entremedio de esta manga de idiotas que a las 20 horas con UN minuto empiezan a pifiar porque se supone que a las 20 hrs. empieza el show.
Demasiado.
A las 20.30 hrs. encienden los parlantes y me dejan peinado hacia atrás con el tremendo bombazo de volumen que le ponen los sonidistas.
Wow. Qué inicio.

Aparece Alberto Plaza feliz de la vida, pero no me interesa nada al lado de la corista que luce entera de rojo con un cuerpo espectacularmente bien. Plaza luce una camisa con rayas verticales, que cuando él tenía 10 kilos menos le debe haber quedado muy bien. La banda de músicos que lo acompaña parece sacada de cualquier parte. Tienen menos onda que una tabla.
Hay un bajista que, me da la idea, mientras hacía su sesión de ejercicios en el gimnasio se recordó que tenía que venir a tocar junto a Alberto Plaza. El guitarrista, en tanto, tiene puesto unos lentes del año uno y parece ciego.
La gente está eufórica pero respetuosa. Nadie se levanta de su asiento. Y yo, menos.
Plaza se maneja en el "viejódromo" como si estuviera cantando en su casa. Hasta un par de chistes fomes se larga que, por supuesto, la gente se los celebra con unas risas así: JAJAJÁ. Súper espontáneos.
Y cuando pregunta si hay niñas solteras se escuchan cosas como “para ti sí, ricoooooo”. También expone una vieja teoría (que ya me la sé de memoria) en donde explica que las mujeres son "multitareas" y nosotros los hombres "monotareas", o sea, ellas pueden hacer muchísimas cosas, y nosotros no. Ahí saca unos aplausos increíbles. Era que no.
Debo reconocer algo eso sí: Alberto Plaza no me molesta en lo absoluto. el tipo es simpático, e incluso, tiene unos temas romanticotes que vale la pena escuchar de vez en cuando. No he comprado disco alguno de él, y dudo que lo haga, pero es bueno en lo que hace y le pone bastante “pino” a su trabajo de cantautor. Pienso esto hasta que se le ocurre mezclar lo romántico de los temas con una especie de salsa-cumbia que me huele muy mal, pero precisamente ahí es cuando la gente más vibra. Salen a bailar, se paran de los asientos y gritan. El espectáculo es horripilantemente grotesco, salvo por el baile de la corista que se da unas vueltas increíbles.
Después el tipo largó con una serie de temas lentos que terminaban, otra vez, en salsa, o en cumbia, o en salsa-cumbia, o no sé qué mierda, pero quedé mal. La gente estaba eufórica y no me dejaban ver a la corista los muy malditos.
Termina todo (por suerte) pero viene Myriam.
Afírmense.
Mientras preparan el escenario para ella, veo a su marido (Jorge Saint-Jean) hablando por celular en el medio del escenario. Se pasea de allá para acá con una barriga como de seis meses de embarazo.
Al fondo del escenario se sientan una niña y un niño que sospecho son los hijos del barrigón con Myriam.
Empieza el show.
El primer tema es la oda al machismo: “El hombre que yo amo”. El micrófono está en pésimas condiciones así que le escuchamos algo así como “el homb-que yo am-sab-que lo am-chalaláaaaaa”. Todo mal hasta que aparece un sonidista pelado para cambiarle el micrófono.
Vamos en el tercer tema y ya tengo sueño. Descubro que las coristas son lo mejor de la noche. Myriam tiene a dos chicas bastante positivas además de un ballet de ocho integrantes entre las que destacan las cuatro bailarinas, igual de positivas que las coristas. Eso me reconforta, pero no consigue quitarme el sueño. Dentro del ballet también está el brasilero Juan Pablo Rahal, ex integrante del programa “Rojo” de TVN y de la comedia musical "El mago de Oz" versión latinoamérica.

Reflexiono nuevamente: "esto es peor que escuchar a Plaza". Me encuentro entre medio de una mole de gente medio “fascistoide” homenajeando al macho de la casa con canciones horriblemente conservadoras. Myriam está de negro y es bastante simpática, pero con esos temas no logra compensar mis ganas de dormir.
Permiso, voy a seguir bostezando.
Entremedio del show, Myriam nos presenta a la parejita de niños que está sentada en el escenario. “Son mis hijos” dice, y presenta al niño como “compositor musical” del tema que sigue. Lo abraza (al niño) y aplauden junto a la niñita, mueven los brazos los tres juntos. Por un momento creo que estoy metido adentro de un show infantil, y falta poco para que aparezca Barney bailando, y desde arriba del escenario lancen flores y globos.
La gente, en un arranque de romanticismo extremo dice "Ahhhhhhh, que liiiiindo".
Uff. Que feo.
Después del gran hit del momento compuesto por un niño de 8 años, vuelve a fallar el micrófono como dos veces más y Myriam, riéndose como siempre, nos dice: “esto algo quiere decir”.
Y sí, yo creo lo mismo y pienso que mejor sería que fallara todo de una vez como, por ejemplo, cortarse la luz en el sector e irnos para la casa, pero aparece el maldito pelado sonidista a salvar la situación. En la tercera falla del micrófono el pelado quería que Myriam dejara el escenario para irse tras bambalinas, pero ella no lo siguió y lo dejó en ridículo haciendo muecas frente a todos nosotros.

En medio de esto me doy cuenta -además- que el show de Myriam es, lejos, mejor que el de Plaza porque le pone un "color" increíble. Los bailarines salen a cada rato a acompañarla (que bueno porque hay una bailarina de miedo) con diferentes trajes y moviéndose como si las pilas les duraran toda la noche, los músicos parecen sacados de una banda pop-seudorockera estilo "La oreja de Van Gogh", y tiene de director de orquesta al “chico” Horacio Saavedra, que desde hace como 30 años que aparece en cuanto estelar de televisión hay.
Toda una inversión ha hecho Myriam.
También me doy cuenta que todas las viejas alucinan con ella. Miro a mi izquierda y veo a la colorina del “Restaurante Ciaos” gritando y cantando todos los temas con un cintillo en la cabeza. Se ve realmente ridícula y parece que está a punto de llorar. Todo este espectáculo me tiene mal, y me pregunto qué hace la gente joven escuchando cosas tan conservadoras.
Que un grupo de señoras de 50 años cante y grite con Myriam Hernández no me sorprende mucho, pero jóvenes de 20 años escuchando “eso”, no me calza.
Si a esa edad escuchan esto, qué mierda estarán inyectándole a las orejas cuando de verdad se pongan conservadoras.
Con esta tremenda reflexión termina, por fin, el show de Myriam con todos tomados de las manos. Músicos, coristas lindas, ballet, hijos, Horacio Saavedra, y ella por supuesto, de las manos y brazos en alto como final de comercial por la paz del mundo. Se van aplaudiendo y noto que uno de los músicos aplaude con tan pocas ganas que creo que ya no aguanta más la vergüenza de estar ahí parado. Casualmente es el que más pinta de rockero tiene, y se va aplaudiendo mirando al suelo.
Yo también me retiro del lugar mirando al suelo, y pensando en que nunca más quiero ir a un recital de Myriam Hernández ni de Alberto Plaza.
Y que ni cagando compro en Farmacias Ahumada.
servido por Juan
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