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La Coctelera

Diario de Juan Solo

Esto era de Ciudad, Gente, Rock y Televisión. Pero ahora es de Performancismo puro.

Categoría: CIUDAD

17 Marzo 2006

Membrillismo puro

Sólo medio litro de cerveza me zampé el día del encuentro membrillano. Me comporté como todo un caballero (al día siguiente me di un festival de "pisco sours", pero aquel "viernes membrillano" -repito- me comporté de lo más pirulo).

La primera vez que supe de Marcela yo estaba en un programa de radio al que voy de espectador-invitado-entrevistado, y mientras estábamos en un intermedio musical me encontré con un "Nadie me escribe!!!!!!!!!!" que me hizo cagar de risa y ponerme a leer a mi, ahora, compañera de bar. Si, porque no sé cuántos meses después estoy con ella, cara a cara, tomándome el medio litrín de cerveza mientras ella saborea un agua mineral sin gas, que después descubre que tiene gas.

Nos contamos la vida y un montón de cosas más mientras en la mesa de al lado le daban el bajo a una botella de pisco puro y a un jarrón de borgoña.

Al final del evento descubro que en el baño del "777" hay más acción que afuera. "Se ve todo desde afuera" le dice un tipo al par de amigos que no sé qué cresta hacen adentro de una caseta de baño. O sea, me imagino dos cosas que ellos pueden estar haciendo pero no puedo identificar cuál es la que están haciendo. Y el mismo tipo que los advierte les dice "los pies y el gorro se ven desde afuera, já".

Ese fue el primer encuentro con la alcaldesa de la Comunidad del Membrillo, a la que vi perderse entremedio de un montón de superhéroes. Yo diría que -casi- la vi irse con un traje de mujer maravilla.
"Me abdujeron. Saludos", ese fue el último texto que supe de ella.
Quizás dónde estarás ahora Marcela.
Saludos a tí también.

El sábado 11 de marzo, en tanto, traté de llegar a tiempo a la ceremonia en donde Michelle Bachelet asumía como presidenta de Chile, pero llegué al final de todo: al final de la ceremonia, al final de las entrevistas, y al final ya todos los tipos importantes se estaban yendo para la casa.


A los únicos que vi en el inicio de algo fueron a los integrantes de C.Q.C. (Caiga quien Caiga) y a Amalia Granatta (modelo argentina) que se paseaba, ultra-rica ella, con unas caderas increíblemente desarrolladas, y un escote maldito.

Bueno de los CQC estaba Nicolás Eyzaguirre (alias "cuchillo") acompañado de Pamela Le Roy, tratando de grabar algunas notas entremedio de una manada de gente que los interrumpían a cada rato para decirles una cantidad de huevadas increíbles. Le contaban problemas de la población donde vivían, problemas de salud, le "recomendaban" temas para que siguieran denunciando en el programa, le pedían autografos y fotografías, le decían "wena cuchillooooo", y a Pamela Le Roy le dijeron que era bonita pero que estaba muy flaca.

Miles de huevadas que se le ocurren a la gente cuando aparece la televisión. Otros giles se cruzaban por delante de la cámara justo cuando estaban grabando, mientras un viejo chico con maleta gritaba "¡¡la tele está muy degenerada!!".

También vi a Claudio Fariña (periodista de TVN) diciéndole a Andrés Allamand "es que tengo que pedir permiso po weón..." mientras éste lo molestaba por la demora con la entrevista, y a un montón de viejas con una cinta tricolor simulando ser la banda presidencial, y vestidas como para un casamiento.


Eso fue lo último que vi, de la ceremonia de cambio de mando, antes de partir.Y me fui pensando en la cantidad de tonteras que "el pueblo" hace cuando aparece la televisión. Más que ver a Sebastián Piñera de cerca, o a Alberto Espina hablando como si estuviera haciendo una denuncia importante, me impresionó darme cuenta de la simpleza de la gente. Una mezcla entre ingenuidad y felicidad infinita que hace que salgan a la calle disfrazados como si esto fuera una actividad de colegio. Con plumeros y carteles.

También me fui pensando en la infinita cantidad de tonteras que "el pueblo" le pide a "los que trabajan en la tele", creyendo que la solución de todo está ahí.
Eso pasa cuando aparece la caja idiota, aunque no sé bien de qué parte se ponen los idiotas. Si adentro de la caja, o afuera de ella.
O en ambos lados.

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16 Diciembre 2005

Así es la laif (en el bus).

Hoy día, en el bus que tomo siempre (Viña-Santiago) a eso de las 6AM, se subió un tipo hablando por celular, y jadeando como si viniera de una competencia de atletismo.
Yo me estaba acomodando en mi asiento para mi segunda fase de dormir (la primera es en mi casa) y el compadre pasó hecho un bólido por al lado mío, así que no le vi más que la manga de la chaqueta (era color gris, gran dato).

Bueno, el tipo siguió hablando por teléfono, pero del jadeo pasó a una cosa parecida a llorar. Yo, "supuestamente", tenía un sueño enorme a esa hora, pero no pude aguantarme y, toiiiiiiiiiiiiiiinnnnnc estiré mi oreja de goma lo que más pude para tratar de escuchar. Pero el motor del bus trabajaba para el enemigo.

"Ayyyy...uffffffff" decía el tipo, y suspiraba como si fuera a tragarse el bus entero. Después volvía a quejarse. "Ayyyyyyyyy.....ufffffffff".
Y volvía a suspirar profundo.

Al rato dijo "flaca...es que yo soy muy maricón pa afrontar la vida..." y buuuuuu. Se largó a llorar como un niño por harto rato.
A moco tendido lloraba el pobre weón mientras le hablaba a la "Flaca" otras cosas que no pude escuchar bien.
Después de dejar el celular mojadísimo de lágrimas, y mocos, el compadre -más tranquilo- le preguntó a la flaca, "¿qué vai a hacer el fin de semana", y la invitó a que se viniera para Santiago.
Parece que la Flaca no quería irse a Santiago porque le insistía, y después de harto rato el tipo empezó a decirle "¿sherto?" (que yo creo que era "cierto" en lenguaje amor-infantil). ¿Sherto? le decía a la Flaca que parece que también estaba sufriendo con todo esto.
Y debo confesar que, a esa altura del recorrido, yo también.

Luego el tipo se puso a hablarle a la Flaca bien bajito.
Yo alcancé a escuchar algunas palabra claves como "vida", "amor", "es que yo" "es que tú", es que ya, es que empezó a hablar bien bajito. Casi susurrando. Como cantando una canción de cuna.

Y ahí yo me quedé raja dormido: ¿Sherto?.

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12 Diciembre 2005

Resumen semanal: la Virgen, Mauricio Redolés y las elecciones presidenciales.

El jueves 8 de diciembre es el día de no sé que virgen, pero en Valparaíso queda la pelota gracias a la procesión que la gente hace hacia el Santuario de Lo Vásquez. La idea es irse caminando, pasar hambre, dormir en carpas y entrar de rodillas. Los con mayor capacidad actoral entran de guata, llorando, con velas en las manos, los hijos en la espalda y hasta cargando mini-santuarios (una vez vi a un tipo arrastrándose de espalda y con una maqueta de la iglesia en el pecho) mientras en las afueras de la iglesia venden sandwichs, ropa y juguetes, aunque este año la nota extraña la puso un tipo que estuvo vendiendo películas pornográficas.


Todo este show que les cuento es reprobado por la iglesia católica, pero la gente sigue creyendo que, haciendo esta "proeza por un día", se ganan el cielo por el resto del año.
Lo mejor de todo es que ese día es feriado nacional.
Un descanso más.


El viernes 9 de diciembre. En la noche estuve en el Teatro Mauri de Valparaíso en un recital "desenchufado" de Mauricio Redolés, y mientras le saco fotos en el camarín me acuerdo que hace 17 años, cuando estudiaba en la Universidad de La Serena, vi un aviso en el diario, que no entendí mucho, y que decía: "Redolés: poesía-rock". Ahora entiendo todo.

Entre los asistentes al recital están: "el dihablo", un amigo, que además es amigo de Redolés y que se encarga de venderle los discos, Peter Guerrero, baterista de la mítica banda de punk "Ocho Bolas", y una serie de visitantes permanentes a todos los eventos culturales. Entre ellos "Don Corcho" que me pide que le mande las fotos que saqué, y me anota su mail.



Redolés ahora toca con su hijo, Sebastián, que según el dihablo es igual a "Diego" (de "Diego y Glot", serial de dibujos animados de Canal 13).
Le miro la cara a Sebastián y compruebo que el diahblo tiene razón.

Después del recital vino una supuesta fiesta que termina en un homenaje a la cumbia argentina con temas como "Maradó-Maradó". El público (una mezcla generacional entre viejos de 35 años con jóvenes de 20) pifia, pero después baila. Yo me retiro pifiando el movimiento que produce el suelo del recinto cuando camino.

Termino en el "Dominó", mi restaurante preferido, y pido dos grandes empanadas de pino con las cuales descubro que ya no soy el mismo de antes. Y termino a duras penas de comer.
Casi con asco.

Cambio de tema: domingo 11 de diciembre, elecciones presidenciales en Chile.
Se comprueba mi teoría que dice que la mitad de los chilenos son de derecha, y la UDI (supuestamente el partido más odiado del país) sale elegido el partido más votado, y por lo tanto el más importante del país. Y se cumple mi segunda teoría: "el votante de derecha habla poco, pero vota igual".

Prendo el televisor y veo a Pablo Longueira, candidato de la UDI, siendo tratado como el culo. Le tiran piedras, monedas, le rompen los vidrios del auto y le gritan "asesino-asesino-asesino!!!". Pero después me entero que salió elegido igual.
Yo me dirijo, como siempre, a votar tarde. En mi mesa no hay nadie salvo los encargados. Miro alrededor y entre los que están esperando votar en otras mesas me encuentro con el locutor oficial de la Municipalidd de Valparaíso, y con Peter Guerrero, el mismo que estaba en el recital de Redolés.

En el centro de Valparaíso me encuentro con un viejo borracho tirado en el suelo, con la cabeza llena de sangre y custodiado por un paco. Me quedo esperando hasta que llega la ambulancia. El viejo está acompañado por otro caballero que, cuando le preguntan "¿usted lo acompaña al hospital?", dice "NO".
Eso sería todo y el viejo ensangrentado se va solo en la ambulancia que se retira a 1 km por hora. Pareciera que en vez de llevarlo al hospital lo llevan de paseo.
En el suelo quedan restos de vidrio de los lentes.
Y sangre.

En la noche vienen los resultados de las elecciones. Hay segunda vuelta entre la misteriosa Bachelet y el multimillonario Piñera, pero todos se sienten ganadores. Tomás Hirsch (mi candidato) está feliz porque logró posicionar las ideas de la izquierda, Joaquín Lavín perdió pero se siente ganador porque la derecha es mayoría, Sebastián Piñera salió segundo pero también se siente ganador porque con los votos de Lavín dice que gana, y Michelle Bachelet está demasiado contenta porque dice que los votos de Lavín NO se suman a Piñera, sino que a ella.
Hay un amor increíble hacia Lavín.

El comando de Bachelet realiza una celebración nocturna en donde la candidata leyó un discurso con el que casi me quedo dormido, y en donde me vuelvo a preguntar qué cresta ha hecho Michelle Bachelet para llegar a donde está. Todos hablan maravillas de ella, pero cuando la veo exponer sus ideas creo que me hablan de otra persona.


De todas formas no me arrepiento para nada de votar por un tipo lúcido y liberal como Tomás Hirsch. Ya varios me han agarrado para el weveo porque salimos últimos, pero no me preocupa. Yo voy a hacer lo mismo cuando Bachelet sea presidenta.
Si es que sale elegida. Jo-jo-jooooo.

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6 Diciembre 2005

Domingo de furia.

El domingo estaba todo pasando en Viña. O sea, me refiero a que el día estaba particularmente lindo. Un sol suave.
Antes del domingo, voy a contar que el sábado en la noche estuve en un bar de un amigo ("Bar Restaurant Vienés") tomando una cerveza que se multiplicó por cuatro -o cinco- cuando apareció el Nico (un amigo de barrio, que también es un ex compañero de universidad) junto a varios tipos más entre los que estaba el "Negro Sáez" (que después de muchos años de saludarlo supe que él era, precisamente, el "Negro Sáez"). Se formó un grupo grande repleto de desconocidos. Luego le cantamos el cumpleaños feliz a una rubia que no sé como se llama, y que se encargó de desparramar una bolsita llena de maní sobre la mesa. “Es la piñata” dijo.

Nico me contó una historia que prometí colgar, y acá va: Albert Einstein antes de ser ultra famoso dictaba muchas conferencias acompañado de su chofer. Eran tantas las conferencias que escuchó el chofer que se aprendió todo de memoria, así que un día intercambiaron roles: Einstein de chofer, y el chofer de conferencista. Todo bien hasta que llegaron las preguntas del público y el chofer, que no tenía idea qué responder, frente a toda la audiencia dijo: “es tan fácil la respuesta a esa pregunta que hasta mi chofer te la puede responder”. Toma.

Bueno, del "Bar Vienés" salimos medios caramboleados, y yo rematé la noche en el “Taller de Papá”. Un oscuro bar, lleno de letreros y adornos de cualquier cosa, en donde le di el bajo a una “chorrillana” (plato típico de la Quinta Región: papas fritas, huevo frito, carne y cebolla. Todo mezclado en un gran plato).

Buenas noches los pastores. Estaba buena la “chorrillana”.

Entonces, yo estaba diciendo que el día domingo era particularmente lindo. Salí a caminar un rato por la calle Valparaíso (calle principal del centro de Viña) buscando alguna foto entretenida. Vi a un tipo sacando rastros de afiches del concierto “Enamora2” y casi me pongo a ayudarlo, también vi una fotocopia pegada en un muro invitando a una conferencia de “La Nueva Acrópolis” con una inquietante pregunta: “Quijote de la Mancha: ¿loco o idealista?”. Un poco más allá “multitiendas ABC” llenaba la calle con el tema “Thriller” de Michael Jackson mientras los vendedores miraban la gente pasar. En el restaurante “Rancho Linares” promocionan un sándwich, supuestamente, espectacular. No me acuerdo los ingredientes pero entre paréntesis colocaron “pan batido”. Esto quiere decir que está hecho con el pan más contundente que puede haber: el pan batido, que en Santiago y en el resto de Chile le dicen “pan marraqueta o pan francés”. Mil seiscientos noventa pesos (un poco más de 3 dólares).


Llego a la Plaza de Viña, y en la esquina del frente veo un tipo mirando al sol y hablando solo. El weón estaba con un malísimo aspecto, como que si lo hubieran arrastrado por cuadras desde un carruaje y en un camino de tierra. Además tenía la piel ultra bronceada y una cara que indicaba que la fiesta del día anterior había estado demasiado buena. Pero peligrosa.

Desde la plaza me puse a analizar cómo sacarle una foto sin que se diera cuenta mientras un viejito, sacado de un cuento de gnomos, ordena una serie de bolsas que no sé que contienen. Después vuelvo a mirar al gil bronceado y veo que después de conversarle al cielo, y hacer unas mariguanzas raras, toma vuelo y le manda un tremendo combo en la cabeza, ¡y por la espalda el muy maricón!, a un viejito como de 60 años que estaba esperando la luz verde del semáforo para atravesar la calle.

¡Pum!, de hocico al suelo se fue el viejito con el tremendo cachuchazo que le dieron en plena cabeza, y sus lentes salieron disparados a cualquier parte.

Todo eso lo estaba viendo en ese “lindo” día domingo, y como tenía todo el tiempo del mundo, llamé a los pacos de inmediato para que se llevaran preso al chucha de su madre que después se puso en posición de combate estilo Bruce Lee, y amenazando al pobre viejo que ya se había parado.
Nadie hizo nada, y el viejo-golpeado se fue, pero al rato apareció nuevamente acompañado de un carabinero, y ahí se quedaron esperando que llegara el furgón que nunca llegó.
Es decir, el furgón llegó pero llegó tan tarde que yo a esas alturas ya era parte de los protagonistas. En realidad fui el único que estuve acompañando al viejito que me daba una pena enorme porque lo vi indefenso, medio despeinado y contándome que su esposa lo esperaba en el supermercado. También me dijo que él siempre andaba con un “fierro” en la chaqueta, “y se imagina usted si le entierro el fierro en la guata. Me llevarían preso de inmediato” me decía el caballero mientras yo me miraba en el reflejo de sus lentes oscuros. Eran como una vitrina.

Yo le preguntaba a cada rato si se sentía bien porque con el tremendo tortazo que le dieron podía darle un patatús más tarde. A los pacos, por mientras, les di mi propia versión de los hechos, y les agregué que si no podían llevarse a un “loco” detenido (en Chile los “locos” no pueden estar presos, ni detenidos ni nada. Sólo en hospitales) por lo menos que se preocuparan de resguardar al resto de los giles que circulamos por la calle.


Entremedio de todo esto apareció el viejito sacado de un cuento de gnomos diciendo varias veces “ese está loco, se arrancó y está loco”, mientras "el loco" se paseaba por todos lados y hablaba solo.

Y hasta que por fin se llevaron al hijo de puta que no le interesaba para nada lo que pasaba a su alrededor. Se metió al furgón como si fuera su casa. Antes de eso se paseó por la calle y se apoyó en un camión de una empresa de seguridad que fue a buscar la recaudación de la Farmacia Ahumada de la esquina mientras hablaba y se reía de cualquier huevada. Todo ese show antes de que lo metieran al furgón, y debo confesar, que los 8 pacos que finalmente llegaron en realidad NO se lo querían llevar detenido, porque para ellos parece que era un lío increíble.

Finalmente el viejito-golpeado me agradeció una enormidad que yo lo apoyara, le anoté mis números de teléfonos en caso de cualquier cosa, y él me dio su nombre: “Fidel Cortés Nieto” dijo, y yo tratando de memorizarlo pensé que era Fidel Castro Nieto, pero no.

Luego de eso se llevaron al loco, y yo me quedé con la imagen del viejo del cuento de gnomos.
Pero ahora que lo veo en la foto creo que parece Viejo Pascuero.

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29 Noviembre 2005

Los sacrificios que tiene que hacer un reportero.

Se pronuncia Chiaos, pero se escribe “Ciaos”. Es la segunda vez que estoy en ese restaurante de Viña. La atención es muy buena salvo por algunos líos como los que me quiere contar la niña que me atiende, pero que no puede porque me mira con cara de urgida, y se va. Pero antes de irse me dice “puros problemas hoy día”, y ahora sí que se va.
Descubro que el “Ciaos” tiene segundo piso cuando veo bajar a un grupo de pendejos sacados de un bar universitario. Un tipo en chaqueta de jeans con el pelo largo, una mina teñida colorina y vestida con onda hippie y otro tipo muy flaco como si fuera un lápiz, con la cabeza rapada y un "pearcing" en la oreja que parece colmillo de perro. Detrás de ellos vienen bajando los papás (no es difícil reconocerlos) y la vieja le dice al marido “diles que por lo menos te descuenten el postre”. Y claro, parece que de verdad le han descontado el postre porque el tipo, cuando pide hablar con el jefe soluciona todo.
Y se van de lo más normal todos.
Trato de interrogar -sutilmente- a la garzona pero lo único que logro es confirmar que los del segundo piso eran los “problemáticos”. Y me pone cara de “no puedo hablar mucho, uhhh”.

Se acabó mi almuerzo, mi schop de medio litro y mi postre de manzana. Me retiro.
Ciaos!!!.

A las 20 hrs. empieza mi suplicio. ¿Les dije que estoy hablando del día domingo 27 de noviembre?. Bueno, voy a un recital que se llama “Enamora2” en la Quinta Vergara de Viña del Mar. Es la copia del recital “Gira-dos” de Miguel Bosé y Ana Torroja, pero en versión Chilena. La única forma de ir a ver a Alberto Plaza y a Myriam Hernández es que me hayan regalado las entradas. Y vaya qué regalo.

Recuerdo una vez que fui a ver a Myriam Hernández, y que también era gratis. Yo tenía 15 años y la música de ella me importaba, y me sigue importando, un soberano rábano pero yo deseaba -y necesitaba- verle las piernas a esa mujer. Y lo logré. Aunque casi me llevan preso por hacerle una zancadilla a un paco que me empujó cuando Myriam se retiraba, pero valió la pena todo, incluso escuchar sus temas.

Ahora estoy 20 años más viejo y sigo creyendo que la tipa es de lo peor, musicalmente hablando claro está. Y es que para mí los “baladistas” tipo Alejandro Sanz, Luis Miguel y un largo etcétera son una maldita plaga.
Pero bueno, llego a la Quinta Vergara 30 minutos antes y descubro que todo es al revés que en un recital rock: el ambiente está repleto de viejas gordas sacadas de algún Centro de Madres, familias enteras con cara de buenitos y parejas de enamorados después de la hora del té. Nadie revisa nada y pareciera que la policía está de adorno.
Alcanzo a ver una señora con las piernas como de elefante, que le cuesta un mundo llegar pero le hace un empeño enorme. Pobre señora.

Ya sentado, y mientras espero el suplicio, descubro una nueva forma de asaltar al público: la venta de dulces, confites y bebidas. Lo más chistoso es ver la cara de la gente cuando preguntan el valor de un paquete de papas fritas. Abren unos ojos como de papa frita, pero antes de pelar las papas.
Y para variar hacen todo al revés. Primero compran, y después preguntan cuánto cuesta.
Después de eso viene la cara de espanto.


Delante mío hay un par de viejas que disfrutan de un pequeño picnic. Una de ellas se chupa todos los dedos de las manos mientras conversa con la otra de un recital de La Ley (siempre he sostenido que La Ley NO es un grupo de rock, y lo confirmo escuchando a esta vieja).

Entremedio de toda esta espera, por las pantallas gigantes pasan una y otra vez el mismo comercial del auspiciador de “enamora2”. ¿Saben cuál es la mejor farmacia? pregunta Andrea Molina, "...Farmacias Ahumada", responde ella misma, y lo pasan una y otra, y otra, y otras miles de veces el mismo, y maldito, comercial.


Mientras mis bolas se inflaman lentamente me entretengo mirando la fauna farandulera que va llegando: la cantante Gloria Simonetti (más joven que hace 20 años), luego la Alcaldesa de Viña del Mar, Virginia Reginato (que es amiga de Gloria Simonetti), y más tarde llega Sonia Fried, mamá del tenista Nicolás Massú (que a su vez es amiga de la Alcaldesa) y que saluda al público como si fuera Presidenta de Chile, y al último aparece el tenista Fernando González (amigo de Nicolás Massú). Todos ellos llegan por separado y se sientan bien adelante. Son una gran familia de amigos.

También diviso a Víctor Dagovich quien hace años (como en 1993), cuando era dirigente poblacional, me contrató para hacer clases de comics en un sector bien "pobla" (para los extranjeros léase, tercermundista a cagar). Las clases no llegaron a ninguna parte, pero Víctor sí. Ahora él es una especie de "encargado juvenil" de la Municipalidad de Viña, y se pasea como "Pedro por su casa" por todos lados.

Otro que está, pero bien lejos, es Rodrigo Mancilla (un locutor regional que muy poca gente conoce) y un poco más atrás está "El Loro de Wanderers”. Me explico, Santiago Wanderers es el equipo de la ciudad de Valparaíso que tiene como mascota oficial a un loro personificado por un gordo que a estas alturas es (casi) famoso en la Quinta Región. Por eso digo que “también está el loro de Wanderers”, que es como le decimos (casi) todos.

Estoy tratando de ver qué otro famoso está presente en la Quinta Vergara cuando hacia mi izquierda (unos 5 asientos más allá) está el flaco que parece lápiz con el colmillo de perro en la oreja, y todos los tipos que estaban en el “Restaurante Ciaos” (y que según yo eran sacados de un pub universitario).
Esta ciudad es del porte de una moneda, pienso. Todos nos conocemos, reflexiono, mientras el “flaco-lápiz” trata de convencer a un guardia para que lo deje pasar más adelante de donde ya está. Después de una media hora lo logra, y se sienta en palco (yo estoy en platea).
El resto de la familia del “flaco-lápiz” (su hermana es la colorina-neohippie con el novio-chascón con chaqueta de jeans) se quedan donde estaban.


Tengo las pelotas del porte de un barco porque Andrea Molina no para de preguntarme ¿Cuál es la farmacia más barata de Chile?, ¿Cuál es la farmacia más barata de Chile?, ¿Cuál es la farmacia más barata de Chile?, ¿Cuál es la farmacia más barata de Chile?. Si ya sé que Farmacias Ahumada mierda!!!!.

Los “asaltantes” disfrazados de vendedores ambulantes hacen el negocio del año vendiendo todo al 300% más caro, y a medida que llega la noche la oferta de productos aumenta: se agrega el "café-café al ricafé" y "lleve las antorchas-lleve las antorchas" (una especie de espada láser de la guerra de las galaxias pero corta). También diviso un vendedor de cintillos escritos a mano (muy mal escritos por lo demás) que dicen, lógicamente, “Alberto Plaza” o “Miriam Hernández”.

"El momento patético de la tarde" viene cuando encienden la cámara filmadora que se conecta directamente con la pantalla gigante del recinto, y empiezan a grabar a la gente. Me da vergüenza ajena ver todos mis "compañeros" de recital saludando y riéndose cuando se ven en la pantalla gigante. Yo trato de mantener mi anonimato de manera honrosa, pero el resto sigue haciendo morisquetas.
Aquí es precisamente en donde flaqueo, levanto mi cara al cielo y me pregunto “qué mierda hago metido entremedio de esta manga de idiotas que a las 20 horas con UN minuto empiezan a pifiar porque se supone que a las 20 hrs. empieza el show.
Demasiado.

A las 20.30 hrs. encienden los parlantes y me dejan peinado hacia atrás con el tremendo bombazo de volumen que le ponen los sonidistas.
Wow. Qué inicio.

Aparece Alberto Plaza feliz de la vida, pero no me interesa nada al lado de la corista que luce entera de rojo con un cuerpo espectacularmente bien. Plaza luce una camisa con rayas verticales, que cuando él tenía 10 kilos menos le debe haber quedado muy bien. La banda de músicos que lo acompaña parece sacada de cualquier parte. Tienen menos onda que una tabla.
Hay un bajista que, me da la idea, mientras hacía su sesión de ejercicios en el gimnasio se recordó que tenía que venir a tocar junto a Alberto Plaza. El guitarrista, en tanto, tiene puesto unos lentes del año uno y parece ciego.

La gente está eufórica pero respetuosa. Nadie se levanta de su asiento. Y yo, menos.
Plaza se maneja en el "viejódromo" como si estuviera cantando en su casa. Hasta un par de chistes fomes se larga que, por supuesto, la gente se los celebra con unas risas así: JAJAJÁ. Súper espontáneos.
Y cuando pregunta si hay niñas solteras se escuchan cosas como “para ti sí, ricoooooo”. También expone una vieja teoría (que ya me la sé de memoria) en donde explica que las mujeres son "multitareas" y nosotros los hombres "monotareas", o sea, ellas pueden hacer muchísimas cosas, y nosotros no. Ahí saca unos aplausos increíbles. Era que no.

Debo reconocer algo eso sí: Alberto Plaza no me molesta en lo absoluto. el tipo es simpático, e incluso, tiene unos temas romanticotes que vale la pena escuchar de vez en cuando. No he comprado disco alguno de él, y dudo que lo haga, pero es bueno en lo que hace y le pone bastante “pino” a su trabajo de cantautor. Pienso esto hasta que se le ocurre mezclar lo romántico de los temas con una especie de salsa-cumbia que me huele muy mal, pero precisamente ahí es cuando la gente más vibra. Salen a bailar, se paran de los asientos y gritan. El espectáculo es horripilantemente grotesco, salvo por el baile de la corista que se da unas vueltas increíbles.

Después el tipo largó con una serie de temas lentos que terminaban, otra vez, en salsa, o en cumbia, o en salsa-cumbia, o no sé qué mierda, pero quedé mal. La gente estaba eufórica y no me dejaban ver a la corista los muy malditos.

Termina todo (por suerte) pero viene Myriam.
Afírmense.

Mientras preparan el escenario para ella, veo a su marido (Jorge Saint-Jean) hablando por celular en el medio del escenario. Se pasea de allá para acá con una barriga como de seis meses de embarazo.
Al fondo del escenario se sientan una niña y un niño que sospecho son los hijos del barrigón con Myriam.

Empieza el show.
El primer tema es la oda al machismo: “El hombre que yo amo”. El micrófono está en pésimas condiciones así que le escuchamos algo así como “el homb-que yo am-sab-que lo am-chalaláaaaaa”. Todo mal hasta que aparece un sonidista pelado para cambiarle el micrófono.
Vamos en el tercer tema y ya tengo sueño. Descubro que las coristas son lo mejor de la noche. Myriam tiene a dos chicas bastante positivas además de un ballet de ocho integrantes entre las que destacan las cuatro bailarinas, igual de positivas que las coristas. Eso me reconforta, pero no consigue quitarme el sueño. Dentro del ballet también está el brasilero Juan Pablo Rahal, ex integrante del programa “Rojo” de TVN y de la comedia musical "El mago de Oz" versión latinoamérica.

Reflexiono nuevamente: "esto es peor que escuchar a Plaza". Me encuentro entre medio de una mole de gente medio “fascistoide” homenajeando al macho de la casa con canciones horriblemente conservadoras. Myriam está de negro y es bastante simpática, pero con esos temas no logra compensar mis ganas de dormir.
Permiso, voy a seguir bostezando.

Entremedio del show, Myriam nos presenta a la parejita de niños que está sentada en el escenario. “Son mis hijos” dice, y presenta al niño como “compositor musical” del tema que sigue. Lo abraza (al niño) y aplauden junto a la niñita, mueven los brazos los tres juntos. Por un momento creo que estoy metido adentro de un show infantil, y falta poco para que aparezca Barney bailando, y desde arriba del escenario lancen flores y globos.
La gente, en un arranque de romanticismo extremo dice "Ahhhhhhh, que liiiiindo".
Uff. Que feo.

Después del gran hit del momento compuesto por un niño de 8 años, vuelve a fallar el micrófono como dos veces más y Myriam, riéndose como siempre, nos dice: “esto algo quiere decir”.
Y sí, yo creo lo mismo y pienso que mejor sería que fallara todo de una vez como, por ejemplo, cortarse la luz en el sector e irnos para la casa, pero aparece el maldito pelado sonidista a salvar la situación. En la tercera falla del micrófono el pelado quería que Myriam dejara el escenario para irse tras bambalinas, pero ella no lo siguió y lo dejó en ridículo haciendo muecas frente a todos nosotros.


En medio de esto me doy cuenta -además- que el show de Myriam es, lejos, mejor que el de Plaza porque le pone un "color" increíble. Los bailarines salen a cada rato a acompañarla (que bueno porque hay una bailarina de miedo) con diferentes trajes y moviéndose como si las pilas les duraran toda la noche, los músicos parecen sacados de una banda pop-seudorockera estilo "La oreja de Van Gogh", y tiene de director de orquesta al “chico” Horacio Saavedra, que desde hace como 30 años que aparece en cuanto estelar de televisión hay.
Toda una inversión ha hecho Myriam.

También me doy cuenta que todas las viejas alucinan con ella. Miro a mi izquierda y veo a la colorina del “Restaurante Ciaos” gritando y cantando todos los temas con un cintillo en la cabeza. Se ve realmente ridícula y parece que está a punto de llorar. Todo este espectáculo me tiene mal, y me pregunto qué hace la gente joven escuchando cosas tan conservadoras.
Que un grupo de señoras de 50 años cante y grite con Myriam Hernández no me sorprende mucho, pero jóvenes de 20 años escuchando “eso”, no me calza.
Si a esa edad escuchan esto, qué mierda estarán inyectándole a las orejas cuando de verdad se pongan conservadoras.

Con esta tremenda reflexión termina, por fin, el show de Myriam con todos tomados de las manos. Músicos, coristas lindas, ballet, hijos, Horacio Saavedra, y ella por supuesto, de las manos y brazos en alto como final de comercial por la paz del mundo. Se van aplaudiendo y noto que uno de los músicos aplaude con tan pocas ganas que creo que ya no aguanta más la vergüenza de estar ahí parado. Casualmente es el que más pinta de rockero tiene, y se va aplaudiendo mirando al suelo.

Yo también me retiro del lugar mirando al suelo, y pensando en que nunca más quiero ir a un recital de Myriam Hernández ni de Alberto Plaza.

Y que ni cagando compro en Farmacias Ahumada.

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24 Noviembre 2005

The Performance Family

PERFORMANCE POR LA MAÑANA:
Sábado 19 de noviembre, a eso de las doce del día estoy en el Muelle Barón (Puerto Valparaíso). Una mina se pasea con una piedra y luego se arrodilla, reza (o hace como que reza) y se inclina como si quisiera que alguien la perdonara. En la espalda tiene escrito, con letras rojas, la palabra “GRINGA”. Después agarra un saquito (con ropa me imagino), lee un texto y se va.

Un poco más allá está un tipo calvo, vestido de negro, que se parece al actor que trabajó en “Los Enredos de Wanda”, arrastrándose por el suelo y abrazando unos tremendos camotes (piedras) contra el pecho. Va de subida enrollándose con el camote en el pecho, hasta que lo deja en la cima. Después vuelve a lo mismo. Antes de terminar nos demuestra que con la pelada puede equilibrar piedras de gran tamaño. Y sin zapatos, ojo.

Alrededor de ellos estamos los mirones, llenos de cámaras digitales. Parecemos turistas japoneses pero somos los asistentes al "Primer Congreso Internacional del Arte de la Performance". La “gringa” es Jill McDermid de Estados Juntos (USA), y el equilibrista de camotes es Boris Nieslony de Alemania.

El grupo de mirones se divide en tres: el bando de chilenos con cámaras digitales, el bando de los extranjeros con cámaras digitales y el bando de chilenos que no entienden nada, y que no tienen cámara digital.

Después de la “gringa” y del equilibrista de camotes aparece una flaca, ultra flaca, que se encarama en un poste a tirar pescados. Llegan los guardias del recinto y , casi, se va a la mierda la propuesta estética de Miss Take de Australia. Se arma un lío con los organizadores por el tema de la seguridad, porque la flaca se puede sacar la misma cresta de un porrazo (con pescado y todo). La flaca, a la que le importa un reverendo pepino la seguridad de ella misma, nos sigue tirando pescados que cuando los veo tirados en el suelo me acuerdo de un profe al que le decían el “Carepescao” y al que -creo- nunca lo vi pestañear. Qué manera de tener los ojos abiertos ese compadre. Carepescao.

Bueno, después fuimos a ver a Paul Couillard de Canadá que estaba metido en el mar sosteniendo “algo” que está envuelto en una frazada, era como que si estuviera sosteniendo una guagua (un bebé como le dicen ahora en Chile). El loco estaba vestido y cuando salió del agua nos dimos cuenta que el “algo” era un pedazo de hielo en forma de yunque, un hielo-yunque con el que se movió hasta un banquito, en donde se quedó cagándose de frío mientras alrededor una reportera de “Univisión” entrevistaba a cuanto artista se le cruzara.

Todo eso pasaba hasta que decido retirarme por dos razones: la primera es que se acabaron todas las performances hasta las 17 hrs., que es cuando empieza la segunda parte y final del evento. La segunda razón por la que me marcho es que me quedé sin memoria disponible para mi cámara (digital por supuesto). Así que hasta la tarde.


Me pongo a mirar la grabación de una “cuña” para el programa “Muelle Barón” de TVN (Televisión Nacional de Chile). La periodista está toda nerviosa y muerta de la risa repitiendo una y otra vez lo que tiene que decir. Cuando ya logra que le salga bien el texto se despide del camarógrafo, y se va. Yo también me voy.
En la Avenida España (que une Valparaíso con Viña del Mar) veo un camión que se dio vuelta. Los pacos (Carabineros de Chile) tienen la situación controlada.

PERFORMANCE POR LA TARDE:


¡Hop!, estamos de vuelta.
Paul Couillard está ahora con su yunque-hielo, esperando que se convierta en agua, sentado en el techo del Ex - Frigorífico del Muelle Barón. Ahora todas las perfomances se realizan adentro de ese lugar (del Ex Frigorífico digo) que está bastante caliente por lo demás. Me compro una Cerveza Escudo por ahí cerca y la mina que atiende me pide que después le deje el envase. “No te preocupes, yo te traigo el envase” le digo y ella me responde “No importa que no me lo traigas, pero sí que me lo dejes”.
¿Aló?.
Me quedo pegado, hasta el día de hoy, pensando qué cresta quiso decir con eso de “no me lo traigas pero déjamelo”.
Bueno, adentro del Ex - Frigorífico está lleno de cervezas que nadie quiere dejar tampoco. Parece una performance auspiciada por Cerverías Unidas. La parte de abajo del escenario es utilizada como bodega de mochilas, bolsos, ropa, cervezas y vinos.

Me dirijo con mi botella al sector de los baños donde André Stitt (Gales) tiene la mansa cagada. El suelo lo tiene convertido en un revoltijo de agua con yodo, o una weá café que también podría ser soya. Hay ropa tirada por todos lados, botellas de Coca-Cola llenas de algo que no es Coca-Cola, platos, y un olor a cualquier cosa. Está la zorra y a ratos me recordé de cuando vivía con mis padres y tenía mi pieza muy parecida a la performance de André, salvo por el tema del agua.

Un poco más allá, en un baño de hombres, está una norteamericana que según yo se llama Rose Hill que se dedica a juntar mitades de pan, cortados previamente. Debajo de cada urinario hay un vasito de vino que ella toma cada vez que logra juntar un pan completo. Se toma un “corto” y lo derrama sobre el pan. Y así sucesivamente.
No te explico el olor a vino tinto que hay.

En una pieza aparte está Julie Bacon, del Reino Unido, tirada en el suelo con un vestido que, creo, es chino (quizás sea así). La pieza está a medio construir (o a medio destruir) porque hay varios escombros tirados por ahí, escombros por los que Julie se arrastra hasta quedar mostrándonos el culo en vivo y en directo. En medio de eso aparece la periodista de “Univisión” entrevistando a los asistentes. La imagen de la periodista sosteniendo el micrófono y de fondo Julie casi en pelotas es elocuente.


Me voy a otra pieza y veo, debajo de un cargamento de algas, a Marilyn Arsem (USA). En realidad no la veo hasta que aparecen un par de piernas. Es la “mujer alga” y parece que estuviera muerta. El fétido olor es como para morirse eso sí.
Al lado de la “mujer alga” estaba otra mina, que no sé cómo se llama, haciendo como que armaba mesas y sillas. De fondo se escuchaba un partido de fútbol transmitido por Radio Agricultura y a ratos la mina se tiraba sobre los pedazos de madera que tenía en el suelo y se quedaba quietecita ahí. Entre los que estamos mirando veo a Enrique Saldes, el actor porteño que participa en el programa de TVN “Doctor Patrimonio”. También veo, bien arriba (casi en el techo) a Paul Coulliard sentado en una ventana con su hielo-yunque.

Se me acaba la cerveza y quedo como para la segunda dosis, pero todavía me pena el misterio de la mina que quería que le dejara el envase pero que no se lo llevara (¿?).
Me entrevistan del canal UCV para el programa “De Mente” y me preguntan qué es una performance. “una representación visual y corporal hecha, por el artista mismo, en un lugar determinado” les digo. Después me quedo pensando en que fue una buena respuesta pero que en vez de “corporal” parece que dije algo así como “cowrporral”
Bueno, ya filo, si total hay mucho camino antes de que llegue a la televisión.

Este escrito me está saliendo demasiado largo así que voy a –tratar- de resumir el final de cada performance: André Stitt (el del baño que se parece mi pieza) terminó dejando aún más la cagada rompiendo todas las botellas de Coca-Cola contra una pared y después se autotorturó colocándose una camisa en la cabeza mientras trataba de comerse un palo untado en la weá café que había en el suelo. También hubo una pequeña explosión y se armó una fogata que tenía bien preocupados a los organizadores. Ojo, no inviten a André Stitt a la casa.


Julie Bacon (la de los escombros empelotadotes) se siguió arrastrando por el suelo pero también trató de tirar un escombro gigante por los aires. No pudo y se puso a soplar una plumas. Después no sé cómo terminó la performance de ella porque me fui a ver a la "armadora de sillas y mesas" que le bajó la ira y rompió todo, se cambió de ropa y se fue bien enojada. A ella tampoco hay que invitarla a la casa.

En un lapso muy corto apareció Natalie Loveless (Canadá) que todo el día la vi filmando y paseando un tremendo tatuaje de dragón en la pierna. Natalie la hace cortísima, agarra un pedazo grande de vidrio, lo hace añicos y de pasada casi se echa a un camarógrafo que estaba detrás de ella. Y se fue (ella, no el camarógrafo).

El mejor final fue el de la mina de los panes que terminó la pega de unirlos todos mientras cantaba una canción infantil, tomó vino desde un urinario como si fuera agua, lavó varios panes ahí mismo, luego se sacó como 20 calzones que tenía puestos uno sobre otro (y se dejó uno), se empelotó, agarró un hacha (que mieeedo) y nos mostró a todos que le faltaba una teta sobre la que se puso una pluma roja. Después, con el hacha en la mano, se mandó un tremendo grito de desahogo, se vistió, se puso sus lentes y se fue de lo más campante entre aplausos.
Seca la mina.

Después de eso fui a ver a la “mujer alga” pero había desaparecido, y apareció el gringo Jamie McMurry, en otro lado del Ex Frigorífico, para mostrarnos un diaporama.
Antes de empezar el gringo dijo, a través de un traductor, que “las performances de mis compañeros han estado demasiado humorísticas, así que voy a hacer algo más serio”. Silencio total en el estudio. “Es una broma” remató, y ahí nos cagamos de la risa. También nos pidió que dejáramos nuestras malditas cámaras fotográficas a un lado, y que sólo viéramos lo que nos tenía preparado él, que al parecer era bien chistoso pero que lamentablemente no caché ni coco de lo que hablaba. En un momento del diaporama, por ahí cerca, habían unos tipos conversando y el gringo se mandó un tremendo grito, “KÁLLATE POUR FAVOUR!!!!” dijo, pero los conversadores eran extranjeros así que tampoco entendieron nada. Y siguieron conversando de lo más contentos.
Extraño personaje el gringo: a los chilenos nos habla en inglés y a los gringos en español.

Luego del chistosito de McCurry apareció la canadiense Shannon Cochrane que nos repartió armónicas “Victory” made in China para que aprendiéramos “Love me tender” de Elvis Presley. Después del fiasco musical Shannon (muy simpática la mina) nos enseñó a hacer avioncitos y barquitos de papel con la hoja donde estaba la “partitura” del tema. De ahí pasamos a tirarlos al mar mientras Shannon derramaba una botella de champaña sobre ellos.
Y nos devolvimos al Ex - Frigorífico tocando armónica, todos muy felices. Como en un cuento.


De vuelta al recinto estaba Jonathan Vivanco de Chile, vestido como astronauta de películas de bajo presupuesto y reventando globos llenos de agua muy cerca de una espectadora, que a petición de él, estaba tirada en el suelo a punto de terminar mojada como pato. Se salvó (la espectadora), y de premio Jonathan le regala una pelota de plumavit.

Son casi las diez de la noche y Paul Coulliard (el del hielo-yunque) aparece envuelto en una frazada con el hielo convertido en un hielito. Lo deja en el suelo y se va en medio de aplausos. Cumplió casi 11 horas de performance nos dice uno de los organizadores del evento. Más aplausos.
El hielito queda tirado en el suelo.


Todo termina con Sylvette Babin (Quebec, Canadá) que, para variar, se empelota en medio de todos nosotros. Se tiñe su pelo rojo de negro, o sea, tiene el pelo rojo pero se llena la cabeza de pintura negra en polvo. Después se viste y parte arrastrándose con un pedazo de carbón en la boca dibujando una trazo en el suelo y cantando “Arriba en la Cordillera” de Patricio Manns (que a todo esto, el domingo, estaba en un programa de Alfredo Lamadrid, en Red TV, cantando con la garganta como el hoyo de mal). El canto le salía algo así como “aguiba en la codillewra, ta qurebandro el soul”.
Sylvette después de cruzar todo el Ex - Frigorífico con el carbón en la boca remata su performance golpeando la muralla usando repollos lilas como guantes, mientras sigue cantando el tema del Pato Manns ahora un poco más claro.

Eso sería el final del congreso, y los organizadores después de agradecer a todos los presentes se largan a presentar a todos los artistas, además de “todos los que hicieron posible este evento”. En ese momento me doy cuenta que quedamos muy pocos en el recinto que NO somos parte de la organización ni somos artistas, porque deben haber faltado 3 personas para que me presentaran a mí.
Aplausos.

PERFORMANCE POR LA NOCHE:

Termino en el cerro top de Valparaíso, el Cerro Alegre, metido adentro del café-cine “8 y medio”. Por un momento creo que estoy adentro de una revista de decoración. Todo está muy bien puesto, muy ondero y la atención es súper. De fondo suena Rita Lee, y su disco de covers de Los Beatles.
Estoy tomándome una “cerveza del puerto” y comiéndome un “pan a la campiña” cuando aparece un actor que nadie conoce y que yo tampoco reconocí. Al principio creí que era un ex compañero de colegio pasado por la cirugía estética pero no. Era Luis Cerda, actor de “Bienvenida Realidad” de TVN. El loco pasa demasiado piola: no se viste raro, no usa lentes raros ni tiene peinado raro. Llegó con una mina que se veía bien pendeja, y linda. Se toman un café cortado al lado mío (hay que ser muy piola para tomarse un café cortado a las 23 hrs de un día sábado) pero Luis devuelve el café porque, según él, está muy dulce, “le eché azúcar pero ya estaba dulce” le dice al mesero que, aunque le repite que el café no estaba azucarado, se lo retira sin problemas y le trae otro.

Dejo a Luis, y su café cortado azucarado, tratando de buscar un local donde pueda ver más gente, pero parece que lo mismo piensan muchos porque terminamos en un repleto “Vinilo”.
No cabe nadie más.
Me voy.

Paso a mirar un rato al “Alegretto” (pizzería que se promueve con un extraño dibujo de un helado) en donde me tratan de envolver dulcemente con un cartel que dice “schop a mil pesos”. Casi lo logran, pero estaba demasiado íntimo el lugar como para quedarse.

En el “Gremio” la onda estaba más pro, y farandulera. Me tomo un pisco sour muy cerca de Álvaro Rudholphi (actor de teleseries de TVN) que está de lo más coquetón besuqueándose con su mina. Todos sabemos quién es él pero nos hacemos los soberanos huevones.
Después se va, y seguimos haciéndonos los huevones. Ya no tan soberanos.

El Cerro Alegre es otra cosa. Creo que es el Cerro más famoso de Valparaíso pero el menos representativo de la ciudad. En ninguno de los cuarenta y tantos cerros restantes voy a encontrar una galería de arte, un café-cine, un restobar, una pizzería y un café-restorán metidos en un par de cuadras. Tampoco me voy a encontrar a dos actores de TV tomándose un copete a las doce de la noche.
Aunque no lo quieran reconocer, el Cerro Alegre es un Valparaíso de postal. En el Valpo real me voy a encontrar con vulcanizaciones, talleres mecánicos, almacenes de barrio, panaderías, botillerías y, cuando mucho, fuentes de soda con completos a quinientos pesos. Pero ¿una galería de arte, dónde la viste?.

Y acá se acabó la performance, por hoy.
Hasta la Victoria, siempre!!!

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23 Noviembre 2005

Estamos trabajando para Usted.

Estoy preparando un artículo pero me está saliendo más largo que la chucha.
Por mientras voy a entregarles parte de mi repertorio. Espero les guste, aunque soy sólo un instrumento de la paz del mundo (¿se nota mucho que estoy rellenando?).

Hoy fui al centro de Santiago y me quedé pegado en una esquina que no tengo idea cuál es, porque yo en realidad soy de Valparaíso. ¿Les he contado lo perdido que ando en Santiago de Chile?: No, pero otro día se los cuento.
Sigo.

En la esquina había a un weón que lo tenían agarrado entre tres tipos. El "weón" era un pendejo cara de mono que lo habían pillado robando, pienso yo. La gente cuando pilla a un ladrón solidariza, se unen. Es como un momento intenso de "seamos todos uno". Y en eso estaban todos, agarrando al pendejo cara de mono entre varios.

Y el pendejo trató de arrancarse (y casi lo logra). Se armó el tremendo lío. Y yo metido entremedio, viendo el momento preciso en que le estaban doblando los brazos como si fueran de goma. Suéltame perro culiao decía el pendejo y después largó un grito inmenso que me dio la impresión que le tenían la boca apretada con algo porque me recordé una vez que llevé a mi perrita al veterinario y para ponerle una inyección tuvieron que amarrarle el hocico, y la inyección le dolió tanto que mi perra hizo un ruido así como brrrrrrrrrrrrrrrreeeeeeeeeefff. Bueno, ese mismo ruido hizo el "pendejo-ladrón-cara de mono" mientras lo tenían agarrado entre tres tipos que después fueron cuatro. Cada compadre se encargaba de doblarle algo. "No me apreten la cara conchasdesumadre" fue lo último que escuché porque después me tuve que ir a almorzar.

En la tarde, bien tarde. En el bus de vuelta a Viña del Mar se subió un gordo con una guata feroz. Era joven el compadre, pero la guata era vieja. Debe haber pesado unos 130 kilos (estoy hablando sólo de la guata).
Se sentó -el gordo- y se quedó dormido de una forma muy extraña: sin reclinar el asiento se doblaba hacia adelante como si fuera a hacer la "invertida" (una pirueta muy compleja por lo demás). Pero lo peor de todo era que roncaba más que el motor del bus, lo que ya era demasiado. En un momento creo que varios pasajeros lo querían golpear. Sobretodo la mina que estaba delante de él. Era tanto el espectáculo que hasta el auxiliar del bus se puso a mirarlo. Pobre gordo, yo creo que bajar algunos kilos no estaría nada de mal.

Es todo lo que tengo que decir. Amén.

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18 Noviembre 2005

Viernes Metro

Un escolar con más barba que yo (barbón el loco), y flaco (parecía fideo) está delante mío.
Un hijo de puta despliega el famoso diario gratuito en la cara del flaco y casi encima de otro escolar gordo como papa.
Una vieja teñida como muñeca. Otra con escote. Conversan.
Una minita morena con audífonos grandes, chaleco verde, mostrando el hombro (le quedan bien los lentes).
Dos viejos que parece que nunca en su vida se habían subido al metro, se suben y miran para todos lados. Uno de ellos tiene un tremendo tic nervioso en el cuello. Lo mueve como si la corbata le quedara apretada, o como si en el cuello tuviera una población de pulgas.
Se colocó cerca de mí (el del tic nervioso), demasiado cerca, y movía tanto el cuello que parecía que me fuera a dar un beso. Para allá y para acá. Era como cuando los patos mueven el cuello.

El hijo de puta del diario está loco, lo sé. Es un ser extraño. Yo lo miro y el weón me queda mirando, pero no entiende nada. Al escolar flaco-barbón le tiene metido el diario en la cara, así tal cual: en la cara. Y no le interesa nada.
Después veo al hijo de puta hablando solo, mueve los labios como diciendo msmssm smsmm msmsmsms smsmsms. Y mira al techo como si lo que dijera fuera muy interesante. Y el muy maldito no cierra el diario que con las esquinas de las hojas le hace cosquillas en la nariz al escolar barbón-flaco. Incomoda el weón.

Hay un loco con lentes de sol, pero no hay sol. Parece mosca.
Una mina está en una mini sesión de belleza, se pasa una cuchara por la cara y después por las pestañas. Y para terminar se pinta los labios color rojo, bien rojo. Y lleva puesto los audífonos, casi, de la misma forma que yo (con una vuelta especial en la oreja para que no se me caigan).
Me veo raro en el reflejo de la puerta.

El hijo de puta sigue leyendo, y hablando solo. Lejos de mí por si a alguien le interesa.

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Diario de Juan Solo

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Tengo 35 años pero utilizo sólo el 70% de mi capacidad total (el resto se almacena para la vejez). El origen de todo está en Valparaíso eso sí. Ahí nací y viví toda mi vida. Por un tiempo estuve estudiando Ingeniería en Serena en donde me metí con todo lo que NO tenía que ver con mi carrera: pinté murales, participé en movimientos de arte y trabajé de payaso por ejemplo. Luego de eso entré a estudiar Diseño en Valparaíso en donde desarrollé mi capacidad de almacenamiento visual la que actualmente se desarrolla de manera bastante óptima, según mis últimas mediciones. Por muchos años trabajé en imprentas y como independiente, hasta que llegó diciembre 2004. Y todo se dió vuelta (entiéndase esto en términos positivos por favor). Actualmente distribuyo mi tiempo de lunes a viernes, en partes iguales, entre la ciudad de Viña del Mar y Santiago (Chile). Duermo y me levanto en Viña, y después parto a Santiago a trabajar. Y en eso estamos.

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