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Terra
La Coctelera

Alcachofismo puro

Quiero contarles algo. Cuando empecé en esto (en esto del blogueo digamos) el primer amigo coctelero que tuve fue Alcachofazul. Todo partió a propósito de una corrección que le hice, sin que nadie me invitara por supuesto, sobre el uso de la palabra "logotipo", a lo que Alcachofazul respondió de muy buen humor. Eso fue el inicio de la amistad coctelera, hasta que hace poco leí que la Alcachofa -la prolífica Alcachofa- se despedía "por un tiempo" de la actividad bloguerística.
No sé si andaré muy sentimentaloide o qué, pero fue como ver partir el primer recuerdo de algo importante, hasta que la Alcachofa Azul decidió volver. Y volvió con un "meme" de 48 preguntas.
Así que esto es en homenaje a tí, Alcachofa Escritora. Y ni se te ocurra desaparecer porque esto lo estoy haciendo precisamente para que sigas. No importa si lo haces una vez al mes o cada 15 días, pero no te rindas compadre.

Acá va. "El meme de Alcachofazul":

1.- ¿Cuál es su mayor temor?
Envejecer, y que me traten como el culo de mal por ser viejo.

2.- ¿Qué idea tiene de la felicidad completa?
Levantarme a la hora que yo quiera, salir a andar en bicicleta una hora, ducharme y luego tomar un buen desayuno viendo televisión, visitar el centro de la ciudad para hacer lo que hago siempre: mirar a la gente. Y terminar el día en un bar de los buenos.

3.- ¿Qué es lo que menos le gusta de usted?
La cantidad de películas que me paso cuando veo a algunos imbéciles en el metro, o en la calle.

4.- ¿Qué rasgo deplora más en los demás?
La estupidez

5.- ¿Cuál es su mayor extravagancia?
No quiero que entiendan mal esto, pero me gusta todo lo que tenga que ver con crímenes, accidentes, o hechos trágicos. Al parecer me creo detective porque, cuando ando en la calle, si pasa un accidente lo más seguro es que termine metido en el medio del suceso hasta que llegue la policía y se vayan todos.

6.- ¿Con qué figura histórica se identifica mejor?
Con Juan Francisco González, un pintor chileno (1853-1933) con el que "pelo el cable" desde 1991.

7.- ¿Cuál es su viaje favorito?
Como buen "ser urbano" que soy, los mejores viajes son al centro de la ciudad.

8.- ¿Cuál considera la mayor virtud?
Últimamente he valorado mucho a la, poquísima, gente que mantiene cerrado el hocico.

9.- ¿Es también la suya?
Podré hablar mucho, pero hay información que nunca entrego. Y sí, es también la mía.

10.- ¿Qué detesta de su apariencia?
Detesto mis enormes músculos. Es un martirio.

11.- ¿Cuál es la persona que más desprecia?
Hace algunos años desprecié mucho a un farsante chileno que se llama Fernando Berríos. Actualmente desprecio a algunos “amigos” (o "amigas") que no saben lo que es, repito, tener el hocico cerrado con respecto a algunos temas.

12.- ¿Qué palabra o frase usa con más frecuencia?
Me encanta hablar en "chileno" así que la palabra que más uso es el famoso "weón" (oye weón, puta weón, saaale weón).

13.- ¿El mayor amor de su vida?
Yo diría que estuve con Tori Amos, aunque nadie me lo crea.

14.- ¿Cuándo miente?
Cuando me preguntan qué es lo que más detesto de mi cuerpo.

15.- ¿Su héroe de ficción favorito?
Ya lo dije una vez, Batman es un tipo que trabaja su musculatura día a día. Eso es heroico.

16.- ¿Qué considera como su mayor éxito?
Hoy no sé cuál es mi mayor éxito, pero hace un año creía que era “lograr la estabilidad económica”.

17.- ¿Cuál es su tesoro más querido?
Mi cabeza. Tengo una memoria de elefante a la hora de recordar nombres y conexiones entre la gente.

18.- ¿Su ocupación favorita?
Periodista aficionado.

19.- ¿Cualidad que prefiere en un hombre?
Que no parezca mujer

20.- ¿Y en una mujer?
Que no parezca hombre

21.- ¿Los defectos que no soporta de ambos?
Que sean impertinentes.

22.- ¿Cuál sería su mayor desgracia?
Conocer tanto imbécil, e impertinente por supuesto.

23.- ¿Cómo le gustaría ser?
Me encantaría ser menos enrollado con las cosas que pasan, y con la gente.

24.- ¿El color que prefiere?
El rojo, siempre.

25.- ¿Su flor favorita?
No conozco de flores, pero cuando niño recuerdo una flor que tenía forma de perro.

26.- ¿Un olor que recuerde?
Cuando mi abuela regaba un frondoso patio que tenía, salía un olor exquisito que luego se mezclaba con el desayuno.

27.- ¿Un pájaro?
Pensé primero en un avión, pero digamos que el águila.

28.- ¿Admira algún hecho militar?
No admiro ningún hecho militar.

29.- ¿Qué busca en sus amigos?
Que no sea necesario decirles que se queden callados.

30.- ¿Cuál señalaría como la mayor bajeza?
Hacer sentir mal a una persona en público. Una bajeza increíble.

31.- ¿Dónde le gustaría vivir?
A dos cuadras del centro de la ciudad rodeado de cafés, bares y tiendas.

32.- ¿Qué talento le hubiera gustado tener?
Me hubiera gustado ser perseverante. Admiro a esas personas que le dan, le dan y le dan, hasta que lo logran.

33.- ¿Sus escritores preferidos?
Alberto Fuguet y Nicanor Parra.

34.- ¿Músicos, compositores?
Cualquier músico o compositor que haga Rock.

35.- ¿Pintores, otras bellas artes?
Mi pintor favorito es el maestro chileno Juan Francisco González, luego vienen Rodin en escultura, Piet Mondrian y Roy Linchtestein en pintura.

36.- ¿Tiene héroes de carne y hueso?
Alfredo Casero logró meter, disfrazado en un programa humorístico de la TV argentina, un montón de críticas irónicas, acciones de arte y vanguardia. Y hace lo mismo en la música.
Eso, para mí, es ser un héroe.

37.- ¿Cómo le gustaría morir?
Lleno de dinero.

38.- El juego de la reencarnación: consiste en elegir la persona que querría ser si pudiera elegir
Después de ver un documental de él, estoy seguro: me gustaría ser Hugh Hefner.

39.- ¿Qué reforma social o cambio admira?
Internet me parece el mayor cambio social.

40.- ¿Bajo que bandera batallaría?
Hace años hubiera batallado, pero ahora no pienso batallar por ninguna bandera. He dicho compañeros!!

41.- ¿Qué don de la naturaleza desearía tener?
Me gustaría volar y llegar a las nubes cuando están de color naranja.

42.- Dígame sus nombres favoritos.
Sebastián, Maira, Diego, Camila, Javiera...¿sigo?

43.- ¿Cuál es su lema?
"Si no puedes convencerlos, confúndelos"

44.- ¿Su mayor aversión?
Las arañas son seres despreciables.

45.- ¿De qué se arrepiente?
Difícil pregunta. Eh...me arrepiento de no hablar las cosas a tiempo.

46.- ¿Tiene alguna pasión?
Ver cosas extrañas me apasiona.

47.- ¿Estado actual de su espíritu?
Inquieto, y entremedio de algunas capas.

48.- ¿Qué se pregunta usted?
¿Por qué mierda la gente hace tanta tontera?.

Casi, casi soñé.

.
Veo a dos perros en la mañana. Uno está tratando de jugar con la sombra de su propia cola. Se queda quieto creyendo que la sombra viene quizás de dónde. El otro perro está asomado en el techo de una casa de dos pisos. Digo "asomado" porque se le ve sólo una parte de la cabeza. Parece que pide ayuda.

No sé a quién le interese esto, pero a mi me dejó muy pensativo.

¿En qué estaba?.
Martes, 20 hrs, Centro Cultural de España. Santiago de Chile: recital ¡¡gratis!! de Álvaro Peña Rojas.
No puedo estar ausente. Más bien estoy eufórico ahí adentro esperando la hora de ingreso.
Entre los que estamos, esperando el evento, veo a un comentarista de rock, pero no recuerdo su nombre. Lo único que recuerdo es que hace años lo veía en televisión comentando música con un peinado muy incómodo. Era como una mezcla entre peinado de viejo de 60 años, que no se corta el pelo, y rockero metalero. Ese tipo estaba ahí, vestido completamente de negro y con un peinado en mejor estado.
También diviso a Jorge Toro (mi primo se llama así pero no es él, ojo). Decía que Jorge estaba ahí gracias a que leyó un "emilio" que yo le mandé para invitarlo. Es cuático el momento porque a Jorge lo conocí en una performance de la revista "Sin Huesos" que yo comenté acá, luego él llegó a mi blog buscando noticias sobre lo que había pasado ese mes con la "Sin Huesos", y se encontró con mi post.
"No me digas que tú eres Juan Solo" me dijo. El mismo, respondí. Y terminamos conversando de la movida porteña y de los Chancho en Piedra.
Entremedio de este diálogo diviso a Rodrigo "Yofi" Catalán a quien conozco desde que estábamos en el colegio y que ahora es, periodista, ex-bajista de la mítica banda punk de Valparaíso "Ocho bolas.", y uno de los músicos de Peña Rojas. Un poco más allá también está Peter, el baterista de los "Ocho..." que también tocaba con Álvaro, pero ya no.

Ingresamos a la sala, y me doy cuenta que es como estar la primera vez que vi a Álvaro Peña Rojas, salvo que no hay góticos. Ahora hay más punketas, y un montón de locos con una pinta de intelectual que no se la pueden. Y aparecen casi los mismos personajes del año 1993: Gonzalo Ilabaca que se mueve para todos lados como que de él dependiera todo; y Jordi Lloret, sigiloso como siempre (el tipo en los años de la dictadura fue un ícono de la movida artística en Santiago con el "Garage Matucana 100", pero ahora camina como que no fuera nadie).

Me doy cuenta que Ilabaca ahora es una especie de manager de Álvaro Peña Rojas que se sube al escenario y -cual animador de eventos- nos dice: "Gracias por venir, y ahora con uuuustedessss, Áaaaalvaro Peeeña Roojassss".
Aplausos. Gritos. Wow.

"Buenas noches, chusma inconsciente" nos dice Álvaro, vestido con sus típicas camisas hechas de sacos de harina, guantes blancos, un corazón de papel en cada zapato, y tocando su pequeño teclado. Después se larga con un tema a capela, "OIGA, oiga, oiga, oiga....a ciento ochenta las jugosas, OIGA, oiga, oiga, oiiiga....a tres-sesenta el kilo. OIGA, OIGA, OIga, oiga, oiga, ...oiga.............Ooooiga".
Así empezó el recital.

Y terminó con todos arriba, cantando y aplaudiendo. Yo estaba eufórico, repito, mientras estrujaba dos cervezas heladas para combatir el -como dicen en la tele- "calor del estudio".
Entremedio del show, Álvaro, contó que en los años 70 se fue a vivir a Inglaterra, en donde se juntó con algunos jóvenes a hacer una música muy mala. "Tocamos por varios años, y más tarde a todo eso que hicimos se le llamó Punk".
Aplauso cerrado.
Y siguió cantando un tema en inglés sobre un par de enamorados.

Les quiero contar los momentos más altos del recital:
1) Cuando cantó "Valparaíso" y yo casi me puse a llorar (Valparaíso que dejé atrás (...) Valparaíso que me vio nacer).
2) La presentación de su banda que fue full Valpo: "directamente desde la "Caleta El Membrillo", en la batería, ¡¡"Poroto" Figueroa!!. Y desde el "Cerro Barón" ¡¡Rodrigo Catalán!! en el bajo. Y yo de Valparaíso, remató.
3) El momento comunitario en donde todos cantamos, y hacemos con la mano en la boca, una imitación de los indios Sioux con el típico "bu-bu-bu-bu-bu-bu-bu-bu-bu" para después entonar "el estrés no me deja culear, el estrés no me deja pensar, el estrés no me deja reiiiiiiir".
4)Cuando cantó el ya famoso tema "Tonteras" ("...tonteras, tonteras, tonteeeeeras, mi vida esta llena de tooonteraaaaas"). Ahí, en ese preciso momento estuvimos todos los presentes demasiado conectados cantando todo el rato "Tooooonteeeeeeeras, toooonteras, tooooooonteeeeras, mividaestállenadeeeeeee toooooonteraaaaaas".
5) "La pala", un tema a propósito de unas palas enormes que usan en la construcción para aplanar el cemento. Álvaro terminó cantando ese tema cagado de la risa junto a sus músicos. Guajajajaja, "la palita" dijo al final, y nosotros también nos recagamos de risa.

Luego vino el chao, y el vuelvo, en donde se cantó un tema lentísimo ("este tema es realmente lento" dijo, y así era). El público le pidió que cantara "Casi, casi gané" y "Bebiendo mi propia esperma" pero no quiso porque nos contó que "ahora soy vegetariano".

Y se acabó todo. Chao definitivo.

Mientras ordenan los instrumentos, me quedo mirando la montonera de personas que se suben al escenario a pedirle un autógrafo, a comprarle discos y a entrevistarlo. Antes que todo se acabe me compro el disco "Drinking my own sperm" de 1977. También me puse a conversar con Peter de los "Ocho bolas".
-"¿Venden cerveza acá adentro?" me preguntó
-"No" le dije, y le pasé mi tercera lata de "Escudo". Y de paso aproveché de comprar el último CD de la banda "Genio y Figura", en homenaje a Pablo de Rocka.

Tres días después (el viernes) desperté soñando con el tema "Valparaíso". Fue un sueño en donde se repetía infinitamente el tema. No recuerdo muy bien cuál era la imagen, pero de fondo sonaba clarito: "Valparaíso, Valparaíso, Valparaíso, Valparaíso, Valparaíso, te dejé atrás, Valparaíso, Valparaíso, Valparaíso, que me vio nacer....Valparaíso, Valparaíso, Valparaíso...".

Eso era lo que se escuchaba en el sueño, pero cuando desperté estaba cantándolo.

"Valparaíso, Valparaíso, te dejé atrás, Valparaíso, Valparaíso, Valparaíso, que me vio nacer....

Ese día en la mañana vi al par de perros (el que weveaba con su cola y el que pedía ayuda). Yo venía de comprar un jugo de piña para combatir la sed, y los vi.
Valparaíso, Valparaíso, Valparaíso, chalalalá.

¿Alguien sabe quién es Álvaro Peña Rojas?

Un dato: a fines de los 70 un chileno se va a vivir a Londres con un montón de punks. Es el inicio del movimiento.
Se toman una casa (número 101) en donde forman una banda llamada "101'ers" ("cientouneros"). Esa banda no llega a ninguna parte, y uno de los integrantes, que no es el chileno, tiempo después forma otra banda que se llama "The Clash". Y de paso se hace millonario.

Ese es el inicio de todo.

El chileno se llama Álvaro Peña Rojas, y yo estoy sentado, con mi pelo largo y mi morral estilo Illapu, afuera de la Universidad Católica de Valparaíso esperando que empiece un recital de poesía. Sí, porque para el diario El Mercurio de Valparaíso la noticia era más o menos así: "Veterano del punk ofrece recital de poesía". Pero eso lo supe varios días después, cuando traté de entender, un poco, lo que había pasado.

Conocí a Alvaro Peña Rojas cuando empezaban los años 90, a través del recital ese del que les hablo. Debo aclarar que en ese tiempo yo pensaba que "poesía" era equivalente a "un sueño muy profundo", así que muy interesado en el tema digamos que no estaba.

Según mis cálculos todo esto ocurrió entre 1992 y 1994, y leyendo a Bisama confirmo que ando bastante cerca de la fecha.

Y ahí estoy yo. Asustado de haber llegado temprano a alguna parte (de verdad eso me asusta). La hora no la recuerdo mucho, pero todo esto sucede en la tarde, casi de noche. Pongámosle que a las 20 hrs.

Mirando el ambiente me doy cuenta que cerca mío está un joven abogado que semanas antes salió en "Informe Especial" (TVN) promoviendo el libre consumo, y la despenalización total, de la marihuana. Lo apoyo totalmente, pero si no me dicen que es abogado no lo creo, más parece poeta. Tiene pelo largo hasta la cintura y unos lentes pequeños estilo John Lennon. Y el típico abrigo laaaargo de la época noventera.

Sigo esperando la hora del recital de poesía cuando veo acercarse a un montón de pendejos con unas pintas extrañísimas. "Dark" se los llamaba, pero ahora serían "góticos". Delante del grupo venía una mina que se creía murciélago abriendo las alas. En el maquillaje manejaba dos colores: el blanco y el negro. Y en la mano derecha manejaba perfectamente una caja de vino tinto. Detrás de ella venía un batallón de tipos sacados de la misma tecla. Era como estar viendo el video "Triller" de Michael Jackson, pero antes de que se conviertan en zombies.

Por otro lado (digamos que de la otra esquina) aparecieron un montón de punketas que realmente no sé a dónde iban. Al recital no por supuesto, porque -según yo- a los recitales de poesía va gente muy, pero muy seria. Por lo menos eso pensaba mientras esperaba que llegara alguien que me ayudara a saber si me había equivocado de día o no.

Mientras me preguntaba ¿será acá el recital? aparecen un par de artistas del jet-set porteño: Marcelo Novoa (escritor y poeta de Valparaíso) y Gonzalo Ilabaca (pintor famosillo, reconocido a nivel nacional, y que actualmente vive en Valparaíso).
Esa imagen me tranquilizó.

Con todo ese lote: los dark, los artistas, los punks y el resto, entramos a la "Sala Obra Gruesa" de la Universidad Católica de Valparaíso.
Yo no cachaba ni una hasta ese momento y debo reconocer que el recinto se repletó. Luego salió el famoso Álvaro Peña Rojas, y quedó la mansa cagada. Parecía estrella de rock, y aunque el loco tenía como 50 años, los pendejos eran los más contentos.

No recuerdo muy bien en qué momento fue (creo que antes de que actuara Peña Rojas) que salió al escenario Jordi Lloret y sacó un papel doblado en 50 partes desde el cual finalmente apareció un poema en defensa de los delfines, que apenas se le entendía. Jordi casi se caía al suelo de lo doblado que estaba, y cuando terminó el poema dijo, casi susurrando, "Soy Jordi Lloret, el poeta de pared". Aplauso cerrado. Excelente aporte.

Yo a estas alturas estaba "alucineitor", debo reconocerlo. Miro al público y estaban todos "japi" (para los chilenos es "Happy", sorry), miro un poco más allá y veo a Gonzalo Ilabaca con la vista perdida en cualquier parte. Jordi Lloret se va, lentamente, a sentar feliz de la vida.

Luego sale a cantar -por fin- Álvaro Peña Rojas acompañado de un tipo que toca tambores hindues, o algo así. "Aaaa-blablablablabla...ahh yayayayayayay...ablablabla...", se quejaba el Álvaro como si le estuvieran apretando la mano con una puerta, y luego de eso grita "racatatatatatatatatatatatatata....¡¡¡la repetición mata!!!".
Quedó la pelota con el tema. Estaban -estábamos- todos eufóricos. Delante mío estaban unos clones de "The Cure" gritando como locos y pidiendo a grito pelado el tema "Martillo de Goma". La euforia era total.
La cagó el Álvaro Peña Rojas.

Creo que a partir de ese día la poesía tomó otra onda para mí. Ahora me importa una raja que se haga en la calle, en un recital de rock o en una caseta telefónica, a partir de ese día la poesía está en cualquier lado.
Al final del evento los representantes del punk apartaron las sillas y se pusieron a bailar y a saltar como si estuvieran viendo a los "Sex Pistols".
Y Peña Rojas finalmente cantó "Martillo de goma", "Tonteras" y el ya mítico "Bebiendo mi propia esperma". Ese día -está claro- me hice fan de "Álvaro, el chileno de la nariz cantante", como se hace llamar en Europa, donde vive actualmente, y donde empezó todo.

Y ahí estuve metido en la sala "Obra Gruesa" cagado de la risa, pero de felicidad plena. Rodeado de punks, darks, poetas malditos y pintores borrachos.
Álvaro se va en medio de vítores, cajas de vino, aplausos y el típico "otra-otra-otra".

Yo me largo de los últimos mientras un tipo canta una cumbia que dice "loco, loooo-coooo-oh, así me llama la geeeente...".

Y ese fue el inicio de todo. Y claro, Álvaro Peña Rojas, hoy, está de visita en Chile. Pero eso se los contaré después. Después de que vaya al recital de él.

Membrillismo puro

Sólo medio litro de cerveza me zampé el día del encuentro membrillano. Me comporté como todo un caballero (al día siguiente me di un festival de "pisco sours", pero aquel "viernes membrillano" -repito- me comporté de lo más pirulo).

La primera vez que supe de Marcela yo estaba en un programa de radio al que voy de espectador-invitado-entrevistado, y mientras estábamos en un intermedio musical me encontré con un "Nadie me escribe!!!!!!!!!!" que me hizo cagar de risa y ponerme a leer a mi, ahora, compañera de bar. Si, porque no sé cuántos meses después estoy con ella, cara a cara, tomándome el medio litrín de cerveza mientras ella saborea un agua mineral sin gas, que después descubre que tiene gas.

Nos contamos la vida y un montón de cosas más mientras en la mesa de al lado le daban el bajo a una botella de pisco puro y a un jarrón de borgoña.

Al final del evento descubro que en el baño del "777" hay más acción que afuera. "Se ve todo desde afuera" le dice un tipo al par de amigos que no sé qué cresta hacen adentro de una caseta de baño. O sea, me imagino dos cosas que ellos pueden estar haciendo pero no puedo identificar cuál es la que están haciendo. Y el mismo tipo que los advierte les dice "los pies y el gorro se ven desde afuera, já".

Ese fue el primer encuentro con la alcaldesa de la Comunidad del Membrillo, a la que vi perderse entremedio de un montón de superhéroes. Yo diría que -casi- la vi irse con un traje de mujer maravilla.
"Me abdujeron. Saludos", ese fue el último texto que supe de ella.
Quizás dónde estarás ahora Marcela.
Saludos a tí también.

El sábado 11 de marzo, en tanto, traté de llegar a tiempo a la ceremonia en donde Michelle Bachelet asumía como presidenta de Chile, pero llegué al final de todo: al final de la ceremonia, al final de las entrevistas, y al final ya todos los tipos importantes se estaban yendo para la casa.

A los únicos que vi en el inicio de algo fueron a los integrantes de C.Q.C. (Caiga quien Caiga) y a Amalia Granatta (modelo argentina) que se paseaba, ultra-rica ella, con unas caderas increíblemente desarrolladas, y un escote maldito.

Bueno de los CQC estaba Nicolás Eyzaguirre (alias "cuchillo") acompañado de Pamela Le Roy, tratando de grabar algunas notas entremedio de una manada de gente que los interrumpían a cada rato para decirles una cantidad de huevadas increíbles. Le contaban problemas de la población donde vivían, problemas de salud, le "recomendaban" temas para que siguieran denunciando en el programa, le pedían autografos y fotografías, le decían "wena cuchillooooo", y a Pamela Le Roy le dijeron que era bonita pero que estaba muy flaca.

Miles de huevadas que se le ocurren a la gente cuando aparece la televisión. Otros giles se cruzaban por delante de la cámara justo cuando estaban grabando, mientras un viejo chico con maleta gritaba "¡¡la tele está muy degenerada!!".

También vi a Claudio Fariña (periodista de TVN) diciéndole a Andrés Allamand "es que tengo que pedir permiso po weón..." mientras éste lo molestaba por la demora con la entrevista, y a un montón de viejas con una cinta tricolor simulando ser la banda presidencial, y vestidas como para un casamiento.

Eso fue lo último que vi, de la ceremonia de cambio de mando, antes de partir.Y me fui pensando en la cantidad de tonteras que "el pueblo" hace cuando aparece la televisión. Más que ver a Sebastián Piñera de cerca, o a Alberto Espina hablando como si estuviera haciendo una denuncia importante, me impresionó darme cuenta de la simpleza de la gente. Una mezcla entre ingenuidad y felicidad infinita que hace que salgan a la calle disfrazados como si esto fuera una actividad de colegio. Con plumeros y carteles.

También me fui pensando en la infinita cantidad de tonteras que "el pueblo" le pide a "los que trabajan en la tele", creyendo que la solución de todo está ahí.
Eso pasa cuando aparece la caja idiota, aunque no sé bien de qué parte se ponen los idiotas. Si adentro de la caja, o afuera de ella.
O en ambos lados.

Dos por uno.

Estuve en un recital de rock repleto de pendejos (o sea, muchos jóvenes de menos de 20 años). A ratos pensaba en que ya no soy parte del público objetivo, pero qué mierda si todavía me gusta escuchar rock, y no bossa nova.
Así que vamos.

Mientras escucho a “Los Bunkers” veo a una señora, que bien podría ser mi madre, vestida con una chaqueta gruesa, un bolso grande y un gorro. Luego aparece un niño de no más de 15 años y ella le olfatea las manos, como si fuera un perro, para saber si fumó, y después le da un beso para saber si estuvo tomando. El pendejo parece que está bien mareado porque después le pide a la señora que lo acompañe a tirarse en el pasto. Y ella parte detrás de su hijo junto a otro pendejo más chico aún.
Yo no sé qué hacen todos ellos metido ahí en el recital, pero la escena me enternece. Pienso en el esfuerzo de la vieja por acompañar a su hijo. Y también pienso en el hijo, al que no le molesta que su madre lo vea borracho, o mareado después de fumarse un buen pito de marihuana. Más encima ella lo abrazaba y él le responde los besos. Puro cariño rockero.
Después la señora le pasó 500 pesos para que se fuera a comprar unas papas fritas.
Eso me motivó.
A comprar papas fritas.

También estuve mirando a una pareja de novios sacándose fotos. Ella era la modelo y el gil era el fotógrafo. Digo “el gil”, porque el tipo no tenía idea de cómo sacar una foto digital. La escena era la siguiente: ella bailaba, y movía el culo, muy sonriente para la cámara, y él sacaba la foto, pero sin flash. Después se la mostraba a ella, y ella le pedía que la sacara de nuevo, pero esta vez con flash. Y vuelta a mover el culo sonriente, y el tipo a sacar la foto. Y otra vez la foto salía mal, y por supuesto había que hacer el show nuevamente. Y ahí estaba la mina -otra vez- moviendo el culo, y el weón sacando la foto sin flash.
Deben haber estado haciendo esto como nueve veces hasta que por fin “el gil” sacó la foto con flash. Yo los miré todo el rato pensando en que en algún momento se iban a aburrir de la escenita, pero no.
La perseverancia es la madre del éxito.

A todo esto, “Los Bunkers” demostraron lo que significa ser una banda de rock consolidada. Yo diría que nos pusieron la pata encima desde el principio. Era como ver un enorme zapato, una enorme suela de zapato colocándose sobre nosotros convertidos en hormigas sobre el césped del Sporting Club de Viña del Mar. Secos los weones.

"Los Miserables" actuaron antes. Según un amigo el vocalista tiene esa enfermedad en que los tipos envejecen con rapidez. Ahí entendí la extraña forma de su cara. Es como una vieja flaca y fea, pero punk. La primera vez que lo vi pensé en que uno se queja por estupideces. Y después de que se fueron del escenario me puse a pensar en lo curioso que es ver a toda la gente gritar, feliz de la vida, y puño en alto: "MI-SE-RA-BLES, MI-SE-RA-BLES, MI-SE-RA-BLES!!!". Todos felices.

Después de los "Bunkers" actuó “Sinergia” (los de la fotito de arriba) y recordé una historia de hace unos 4 años, en donde fui, junto a un tipo de apellido "Niculcar", a un recital en donde actuaban dos bandas de rock, “Niño problema” (que ya no existen pero que eran una excelente mezcla entre ska, metal y punk) y “Sinergia” (que yo no tenía idea de quiénes eran). Todo eso incluía, además de la entrada, una cervecita helada.
Finalmente aluciné con ver en vivo a “Niño problema”, pero recuerdo claramente cuando Niculcar me dijo “ahora vai a ver la diferencia entre una banda emergente y una banda consolidada”.
Y tenía razón. “Sinergia” era –ya- una banda consolidada. Sonaban a años luz de diferencia con “Niño problema”, y el oficio se les salía por los porros.

Esa historia recordé cuando -4 años después- veo a “Don Rorro" (vocalista de Sinergia) vestido como siempre (pantalones cortos, camisa bien planchada, corbata y gorro) y con un abrigo enorme.
Sinergia ha multiplicado su progreso por 20. Los tipos van como avión. Ahora no sólo tocan rock, y se cagan de la risa de todo (y de todos). Ahora también son: teatro en vivo, performance y humor. Al inicio aparecieron unos tubos fluorescentes que se prendía mientras una voz de robot de los años 80 decía: "y quion ustedez presentiamos al grupo zi-ner-gia". Una weá muy ordinaria pero que al final era para cagarse de la risa.
Ese fue el inicio. Todo lo demás fue puro "rock metal-pájaro", como se definen los mismos Sinergia.

Después vinieron "Babasónicos" con una propuesta tan hermética que a ratos me dieron la impresión que nunca se dieron cuenta que estuvimos ahí mirándolos.
Y la cara del vocalista era muy extraña. Parecía una vieja con peluca y barba.

De los "Attaque77" sólo puedo decir lo siguiente: si "Los Bunkers" fueron un zapato gigante, los "Attaque" fueron una gigante, e impecable, bola de acero blanca que que cayó sobre nosotros, sin avisar.
Eso se llama un ataque.

Bueno, todo este show lo vi gracias a un post que mandé a un concurso de la "Zona de Contacto", y que me hizo ser uno de los tres ganadores de entradas para ver el recital. Así que acá va el culpable de todo esto.
Léanlo con música de fondo de cualquiera de los grupos que estuvieron ese día.
Yo invito.

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"Cuando pase el temblor"

Cuando tenía 15 años mis padres decidieron volver a hacer el mismo tour de un par de años antes. Esto quiere decir: Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil.
Todo en 22 días, pero en bus.

El comienzo no fue de los mejores. El bus que llegó a recogernos parecía sacado de la sección de autos usados, pero de los más usados. Se notaba que le habían hecho un “fashion emergency”, pero se notaba demasiado. Con suerte tenía baño.

Ya arriba del armatoste nos dimos cuenta que “la empresa” había vendido 47 asientos en circunstancias que el bus tenía sólo 45 asientos. Mi hermano (de 13 años) fue uno de los que quedó sobrando, y no encontraron mejor solución que ofrecerle una silla de playa, ubicada en el pasillo, para que se sentara. Así tal cual “una silla de playa”, pero en miniatura.

No alcanzamos a entrar a Argentina cuando nos quedamos en pana. Todo mal.
Cambio de bus entonces, ahora todos a subirse a un bus de una empresa argentina llamada “Rojas”. Eso nos mantuvo felices hasta que, ingresando a Mendoza, saltó una piedrecilla y páf, se quebró todo el vidrio delantero. Y nos pidieron abrir todas las ventanas del bus para evitar que la fuerza del viento dejara de cachetearle la cara al chofer.
Repito, todo mal.

En Mendoza recuperamos el bus original, lo que no nos alegró tanto.

En Paraguay volvimos a quedar en pana en medio del desierto o algo así. El calor era de los mil demonios, así que dejamos el bus botado y nos fuimos a buscar un lugar donde tomar agua. Llegamos a un bar de mala muerte al que sólo iban las moscas, pero logramos refrescarnos algo.

Después pasó lo mismo de siempre: apareció otro bus (esta vez de una empresa paraguaya) mientras reparaban la chatarra nuestra, que después volvía a quedar en pana. De hecho, creo que no hubo país, o ciudad, en donde no quedamos en pana.
Hasta chocamos con unos tambores que había a un costado de la carretera.

Para colmo, después de tantas panas, tuvimos que hacer una “colecta” para poder sacar la chatarra del taller mecánico, ya que los encargados del tour se habían quedado sin dinero en efectivo.

Pero eso no fue todo. En la frontera con Brasil quedamos atrapados porque no teníamos no se qué permiso, así que tuvimos que pasar la noche encerrados en el bus ya que no teníamos a dónde ir. Con mi hermano nos entretuvimos mirando sapos, me refiero a sapos de verdad, cientos de sapos que andaban por ahí afuera saltando, pero al poco rato tuvimos que devolvernos al bus-hotel porque los zancudos nos estaban comiendo vivos.

Adentro del bus el calor era insoportable. Y el olor también.
Fue tanto el suplicio que al rato una de las pasajeras despertó con un ataque de histeria, sudada completamente, llorando y pidiendo a gritos que la sacáramos de ahí, así que se la llevaron hasta una oficina cercana para que descansara un rato. El resto de los pasajeros seguimos en el sauna, perdón, en el bus hasta el otro día.

En Brasil llegamos a Florianópolis, hermosa ciudad pero llena de bicharracos. Y el grupo se dividió en dos, unos se fueron en el bus y alojaron en un hotel, y nosotros alojamos en el otro extremo de la ciudad en unos de esos departamentos que se arriendan por día.

Se suponía que íbamos a descansar pero no dormimos casi nada, el suelo estaba lleno de cucarachas y los zancudos nos dejaron la piel anestesiada de tanto picarnos (mi abuela era un aeropuerto de zancudos por ejemplo). Finalmente, sudados y con sueño, nos levantamos como a las 6 de la mañana a “descansar”.
Se suponía que el bus, junto al otro grupo de gente, nos pasaría a buscar a las 8 de la mañana, a una plaza cercana a los departamentos. Y ahí estuvimos: a las ocho, a las nueve, a las diez, a las once, a las doce…y a las ¡dos! de la tarde esperando que aparecieran estos desgraciados que se llevaron el bus.
Hasta que apareció uno de los choferes vestido como jeque árabe pero bronceado. Venían de la playa porque –adivinen qué-, el bus se había quedado en pana y lo llevaron a reparar.
A nosotros nadie nos avisó lo que pasaba, y estuvimos como santos giles esperando que llegara la chatarra panera. En cambio, al otro grupo les avisaron del desperfecto con anticipación y aprovecharon de pasarlo rico en la playa.
Recuerdo que todos los viejos de nuestro grupo estaban tan enojados que cuando supieron lo bien que lo habían pasado los demás empezaron a empapelar a chuchadas al chofer del bus, y más encima se tiraron arriba de él para golpearlo. Mi viejo, que no es muy bueno para los combos, estaba listo para agarrarle el cuello al jeque árabe, pero el tipo zafó de la golpiza gracias a la intervención de las mujeres.

Partimos de vuelta a Chile con la cara más larga que he visto hasta que pasó lo insólito (si es que puede haber algo más insólito en este viaje): otra maldita piedra saltó y rompió –otra maldita vez- todo el parabrisas delantero del bus, pero esta vez, producto del viento que había en la cordillera, se fueron volando todos los papeles que nos permitían salir de Argentina, y entrar a Chile.
La imagen que tengo es nítida: todos los adultos, con notable sobrepeso, corriendo por la cordillera detrás de las hojas que volaban y volaban. En un momento nos dio risa pero ahora que lo pienso bien, el espectáculo era patético. Desde el chofer hasta mis padres, corriendo detrás de las hojas que finalmente rescataron.

Con eso ya nada más nos podía suceder, pero a esa altura el rumor de que “alguien” dentro del bus era “yeta” había agarrado fuerte, y mi madre se encargó de decirme al oído que, “dicen que tu papá es yeta”. ¿Qué es yeta? Le pregunté.
-Alguien que trae mala suerte, me dijo.
-Chanfle.

Cuando estábamos a punto de entrar a nuestro país, un compatriota nos contó que en Chile “han habido como mil temblores”.
-Sale “pallá”, ¿mil temblores?. A dónde la viste.

Cree que somos giles, pensamos todos.
Pero bueno, al fin y al cabo llegamos de vuelta a Chile.
Habían pasado un par de días y yo me encontraba arreglando mi bicicleta encima de mi cama. Una flojera más de las tantas que uno comete a los 15 años, pero en eso estaba cuando empezó a temblar. Y el temblor se transformó en algo más fuerte, y finalmente quedó la tremenda cagada en casi todo el país.
Eso fue el 3 de marzo de 1985: el famoso “terremoto del 85”.

Y mientras miraba, con mi padre, como se caían algunos muros de casas cercanas recordé eso que nos dijo el chileno (“han habido como mil temblores”).
También recordé todo lo que nos pasó en el tour.

Ese fue el final de mis vacaciones del año 1985.

Día de la Marmota

“Les daré un pronóstico para el invierno: será frío, oscuro y durará... el resto de sus vidas”. (Phil Connors)

De vuelta a las pistas.
Mi cabeza ha estado en otra parte. He dejado de escribir pensando en cómo rearmarme, algo así como el movimiento de las tropas después de un ataque. Algo así.
Anduve en la potente ciudad de Temuco, por ejemplo, descansando un par de días, pero de eso quiero hablarles otro día. En realidad, ahora mismo pensaba escribir de Temuco City, pero estoy parado en un día que me recuerda a mi gran película favorita: hoy es 2 de febrero, ¡¡¡“El Día de la Marmota”!!!.

Esto es un resumen:
Phil Connors (Bill Murray) es un periodista, especializado en el informe del tiempo, que tiene que ir, por enésima vez, a la ciudad de Punxsutawney para reportear el famoso “Día de la Marmota”. Para él es un día de mierda, pero obligado por las circunstancias se ve otro año más informando la ridícula escena de una marmota, observada por toda la ciudad, saliendo de su madriguera. La idea es saber si el invierno viene duro o suave, y eso sólo la marmota lo sabe al salir de su casita.
Luego del reportaje, y en medio de una tormenta de nieve, Phil Connors se enfrasca en una discusión con la policía que tiene cerrado el único camino para salir del pueblo. Le insiste al policía que lo deje salir de una vez por todas pero es imposible, y acá viene la peli: Phil se devuelve al hotel, triste como un perro, para levantarse una y otra vez, en el mismo día sin retorno.
Todos los días lo mismo, las mismas conversaciones, y por supuesto el mismo reporte de la marmota saliendo de su madriguera.
Y Phil ya no da más.
El problema es que todo lo que vive ese día, a la mañana siguiente se olvida. Bueno, se le olvida al resto de la gente porque Phil recuerda todo. Y la cara de odio, rabia y depresión se le va notando más y más.

Yo alucino con esta peli. La primera vez que la vi quedé pegado en el techo pensando “uh, esta weá es la vida misma loco”. Le conté esto a un amigo, y le dije que todos vivimos el mismo día, pero él me insitía que no:
- Yo no vivo el mismo día- me decía.
- ¿dónde despertaste ayer?- Le pregunté.
- en mi casa.
- ¿y antes de ayer?.
- En mi casa, pero a otra hora.
- "¿Y a qué hora almuerzas?- le pregunté.
- Como a las 13.30 hrs, me respondió, y agregó, “pero no almuerzo lo mismo todos los días”.

Bueno, algo así le pasaba a Phil. La cápsula del día era la misma, pero él se encargó de “hacer” diferente el contenido. Aunque -la verdad- todo era lo mismo.

El año 2004 yo no tenía horario fijo de trabajo (“era mi propio jefe” como dicen) pero, al fin y al cabo, igual tenía mi propio día de la marmota. La vida se me presentaba de la misma forma, aunque yo me moviera para todos lados.
Mis proyecciones eran siempre las mismas, hasta que llegó noviembre 2004. Ese día -o ese mes- todo lo que hacía se fue a la mierda, y empecé a hacer todo lo contrario. Si dormía mucho, ahora duermo muy poco. Si mi trabajo era inestable, ahora lo es demasiado. Todo cambió.
Todo.

Ahora vivo metido en una cápsula de rutina como la de Phil. Y vivo pensando en tener un día distinto, aunque sea un pequeño, y hermoso, día.
He dejado casi todo lo que tenía antes. Tengo la estabilidad que deseaba, intensamente, desde hace muchos años, pero como escuché de un economista una vez: “todo beneficio tiene un costo”. Y eso.
Todo esto ha tenido un costo que no deseo detallar acá.

Phil, finalmente, encuentra la solución al día repetido, pero también encuentra una solución a su propia vida, que es la moraleja más importante de la peli.
El día repetido da lo mismo, lo importante es romper la repetición interna. Phil la encuentra (la solución digo) cuando se relaja, cuando deja pasar el día -"ese" día- como cualquier otro, pero también como el último día de su vida. Ese día Phil encontró la solución.
Seguía nevando, pero el invierno ya se había acabado.

Caer

Lo reconozco. No estoy en un buen día. No he escrito nada porque he estado con mi cabeza en otras cosas. Y la sigo teniendo en otro lado.
He querido escribir algo, y no puedo.
He querido contar lo que veo -como siempre-, y no he podido.
La idea era rematar el año "bloguero" de alguna forma escrita, pero nada.
He visto diferentes performances y tampoco las escribo. No se las he contado a nadie.
El otro día, por ejemplo, en el centro de Santiago vi a una pareja de ¿enamorados? peleando: ella se enojó y le lanzó una bolsa de plástico, llena de cosas, por la cabeza a su novio. Y la bolsa salió volando, len-ta-men-te. Y pasó por al lado de la cara del novio, siguió volando por entremedio de la gente, pasó por entremedio de las escaleras mecánicas (y por supuesto que muy cerca de la gente que usaba las escaleras), hasta que aterrizó -la bolsa- un par de pisos más abajo de la galería comercial donde yo me encontraba. Después me puse a mirar cómo el novio, avergonzado, iba a recoger lo que su novia le lanzó.

Y mientras miraba al novio recoger la bolsa recordé que en ese mismo lugar ya he visto otra pelea similar. Esa vez creo que el hombre no dejaba tranquila a la mina. Y ella le gritaba algo así como !!suéltame!!.

Cosas como esas he querido contar, pero no escribo nada finalmente. He querido escribir un saludo de año nuevo para mis amigos blogueros que me han apoyado a seguir, y tampoco pasa nada. He querido, por ejemplo, mandarle un abrazo a Tony, o contarle a Marcela de mis visiones performancísticas, pero ya lo saben: nada ha pasado.

He querido contarles que estuve en los Carnavales Culturales de Valparaíso cerrando el año 2005. Contarles que, ese mismo día vi al Elvis Callejero tocando su batería de tarros a la salida de la fuente de soda Navoli. Y nada. (un completo más un schop, ochocientos cincuenta pesos a todo esto).

He querido relatar que la noche de año nuevo estuve mirando por largo rato el incendio en la Universidad Santa María (en Valparaíso). Mirando cómo los bomberos se gastaban tratando de hacerles entender a los conductores de los autos, que si pasaban por encima de la manguera la iban a hacer mierda, pero "estamos en Chile" dijo uno de los bomberos, y todos los autos se dedicaron -justamente- a hacer mierda la manguera.

Todo eso, y más, he querido contar. Pero nada.
Ha sido como ver volar la bolsa de plástico: lentamente he visto pasar las cosas por sobre mi cabeza.
Hasta que cayeron. Y la bolsa está en el suelo.

“Y cuando desperté, la Navidad estaba ahí”.

He tratado de escribir pero el sueño y la flojera me han dado una paliza completa.
Este es un esfuerzo en homenaje a todos quienes me leen, y en especial a “Sol”, que casi me pega un patada en el culo para que escriba más.

¿Qué sucedió?:
Yo estaba tirado en mi cama viendo televisión creyéndome en el día número doce del mes de diciembre, cuando me entero que en realidad es 19 de diciembre. Ahí me quedó la cagada.
No tenía ningún regalo comprado.
Habían dos caminos entonces. Uno, irme en una volada mística y juntar a toda mi familia, tomarnos de las manos y hacer una especie de sesión espiritual que suplante la parafernalia navideña que nos invade todos los años. El camino dos, en cambio, era ir de frentón a comprar.

Bueno, nunca he sido muy místico que digamos, salvo a la edad de 15 años en donde estuve poseído por una fe increíble. Traté de leer la Biblia, ir a misa los domingos y dejar de mirar mujeres desnudas teniendo sexo, pero al cabo de un par de meses todo volvió a la normalidad.
Así que estuve aplanando calles toda una semana buscando el regalo correcto al mejor precio, haciendo cotizaciones mentales y evaluando el lugar exacto de la compra. Todo esto mientras sudaba la gota gorda.

Millones de personas en el centro de Santiago de Chile comprando de todo. Yo también.
Ni siquiera saqué fotos, pero me quedaron algunas performances grabadas:
1) Un tipo que, intencionalmente chocó -suavemente- al auto que tenía delante de él para apurarlo. Y después le hacía una seña, con la mano, pidiéndole disculpas.
2) Una conversación en un pequeño local de libros (nazis en su mayoría) en donde la vieja que atendía le decía, a una amiga, que ella había terminado una amistad de 30 años por defender a su gato. Mientras reviso el "estoc" de libros, y escucho la conversación, pienso que para terminar una relación de amistad de tantos años hay que violarse al gato, o ahorcarlo.
3) Y la tercera imagen es Paola Volpato (actriz chilena de TVN) bajando las escalas de un centro comercial. Sola, bronceada y muy delgada. Es linda, pero está muy re flaca. Y tenía los ojos como perdidos en la inmensidad, aunque ahora que lo pienso bien, creo que iba preocupada de los escalones.

Mientras me miro las picadas de pulga que hay en mi mano derecha (producto de mi viaje en bus desde Viña del Mar) pienso en que a medida que me hago más viejo, más he perdido la pasión que en algún momento tuve por la navidad. Si busco algún recuerdo nítido de mis navidades en casa de mis padres tengo la imagen de mi cara reflejada en esas bolas de vidrio que adornaban el árbol navidadeño: detrás de una gran narizota (del tamaño, casi, de la bola) estaba mi cara pequeñita. A mi me gustaba mucho esa imagen, y trataba de poner caras extrañas para ver cómo se veían, detrás de mi narizota por supuesto.

También recuerdo que el árbol de mi casa era inversamente proporcional al espíritu de paz y amor que se vivía adentro. O sea, podíamos estar todos peleados pero el árbol seguía siendo tremendo, lleno de adornos. luces y algodón simulando nieve.
Mi madre en tanto, año tras año, fue esmerándose cada vez más en hacer un pesebre con más personajes. La última vez creo que había un gallinero, una laguna para los patos y una especie de montaña rodeando todo. Eso sumado a caballos, perros, vacas y cerdos. Es casi un zoológico que arma mi madre.
Estoy seguro que de ella heredé ese afán por las performances, que en este blog se han hecho presentes con más nitidez.

Todo ese concepto hizo que, con los años, y cuando pude independizarme de mis padres, no continuara casi nada de lo que ellos hicieron por años, y que siguen haciendo. Ni árbol grande de navidad, ni pesebre, ni animalitos ni patos y menos luces en las ventanas. Quizás me fui al otro extremo porque en realidad si de mi dependiera no haría nada.

O haría la performance que desde hace unos años estoy pensando hacer y que consiste en colocar un proyector de diapositivas con imágenes navideñas de, por ejemplo, una familia feliz abriendo los regalos. Todos vestidos muy formalmente.

Colocaría esas imágenes en la proyectora y haría que las mostrara de manera continua, una y otra vez, sobre las paredes de mi casa. Y cuando la apagara se acabaría todo.
No tendría que hacer ningún cambio a la casa. Prendo la proyectora y aparece la navidad.
La apago, y desaparece.

¿Alguien me presta la proyectora?.